viernes, 14 de julio de 2023

La cuestión de “los goces”…..una vuelta por la clínica

 

Preparando el trabajo para nuestra reunión de hoy leyendo y releyendo algunos textos acerca del goce me di cuenta que mientras leía y releía me daba la sensación de estar dando vueltas en redondo.. Nos estará pasando esto con la cuestión del goce ?Tal vez me dije se tratará de leer, releer, dar vuelta sobre el tema para llegar a la conclusión que se trata justamente de dar rodeos para poder ir ciñéndola sin por eso ni agotarla ni llegar a una verdad absoluta Se tratará a la manera de la repetición que en cada vuelta se hace una diferencia..... que nunca es igual a la vuelta anterior

Así que voy a ir compartiendo con ustedes algunas de las vueltas que fui dando sobre la cuestión de los goces y  una vuelta más; el intento de "leerlos" en una experiencia clínica.....

El término goce deriva del término o verbo latino gaudere (regodearse-jouit: correrse, tener orgasmo) qué que en castellano es el verbo "joder". Los sinónimos que ofrece la Real Academia  para el término son: molestar, fastidiar mucho a alguien, fornicar, jorobar. Cuando lo leí me pareció súper interesante ya que el goce jode, molesta, fastidia mucho y  también está ligado a fornicar

¿Será posible definirlo? Difícil hablar de un goce en singular cuando vemos en nuestra clínica que sus efectos pueden ser tan diferentes. Tal vez aunque paradójico el concepto de goce será más esclarecedor si recorremos sus formas más diversas incluso aún las más contradictorias.

Una pequeña digresión para poder situar alguna diferencia entre lo que definimos como deseo y lo que nombramos como goce. Si el deseo es aquello que por una falta lleva hacia adelante, diríamos hacia una búsqueda; el goce sería lo opuesto. El goce sería aquello que obtura la falta, que le cierra el camino al deseo..

Diversos goces entonces: goce fálico, goce del Otro y un llamado Otro goce ligado  este último al goce femenino y también al llamado goce Místico

Pensar la sexualidad a partir del Goce fálico implica reconocer el lugar fundamental del falo tanto para los hombres como para las mujeres pensado el falo ante todo como un significante.

Estamos entonces hablando del Goce fálico. Este goce fálico será posible a partir de la inclusión del sujeto como subordinado a la ley en el registro simbólico, como sujeto de la palabra que está sometido a las leyes del lenguaje. 

La incorporación del ser al lenguaje "parletre" destierra definitivamente ese goce originario, goce de la cosa (das Ding ) Originario que queda  como huella de lo que nunca hubo ni  habrá Ese goce está perdido, de ese goce no se sabe sino a partir de lo que se ha perdido. Pero vale aclarar que lo perdido no es lo olvidado sino todo lo contrario. Es el fundamento de una memoria  inconsciente, si puedo llamarla así y de un anhelo infinito de recuperación. Este intento de recuperación, de ese objeto primordialmente perdido perturba permanentemente el enunciado del sujeto

Hay Goce fálico porque hubo una operatoria eficaz de la metáfora paterna, es un goce de la falta porque para gozar del falo hace falta que el objeto esté separado del cuerpo. Podemos decir que hay Goce fálico cuando hay fantasma. Podemos ubicar ahí al goce sexual, al goce del síntoma y también al goce de la palabra. Goce acotado por la palabra. Siempre decimos que el sujeto hablando goza y yo agregaría que también hablando se defiende de ese goce que insiste perdido; que hablando lo limita y lo refrena. De allí la famosa invitación inaugural a un análisis de: " diga lo que se le ocurra, asocie libremente". 

Podemos afirmar entonces que es a partir de esa renuncia de la que hablábamos, de esa renuncia a ese goce originario, al goce de la Cosa, al goce incestuoso que el sujeto no queda atrapado en lo que llamamos el goce del Otro. El goce del Otro es tan solo una suposición ¿por qué? Porque el goce del Otro no está en el Otro quien además no existe, sino en el sujeto mismo. A partir de los nudos y de interrogar la necesidad del cuarto nudo Lacan va a ubicar el Goce del Otro entre imaginario y real, un goce supuesto al Otro, un goce que no hay porque no hay Otro del Otro. Mientras que al goce fálico del cual veníamos hablando antes lo ubica, entre simbólico y real. Volviendo al goce del Otro el análisis apuntaría precisamente a incidir sobre esa cuestión inaugural. Ubicar al goce del Otro entre los registros imaginarios y real indica que se trata de un real en la estructura. Ya no se trata de un goce que pueda reducirse al fantasma.

Si decimos que el goce del Otro es tan solo una suposición ¿Por qué la necesidad de situar un goce del Otro? Creo yo que es un modo de nombrar evidencias clínicas que se manifiestan como formas de retorno de ese goce, la psicosis por ejemplo. ¿Cuáles serían las barreras que el sujeto le puede poner a este goce? Podemos afirmar que la dimensión del lenguaje  Es el lenguaje el que corta el goce del Otro y que funciona de tope de límite de barrera. Y esto nos lleva a decir que el falo en tanto significante es lo que va a regular ese goce: más allá o más acá del falo pero no sin el falo.

Que sucede cuando queda en suspenso el recurso a "decir no", en suspenso la barrera ante das Ding y el sujeto se queda sin los bordes que le presta el significante, un fuera de lenguaje. Aclaremos un fuera de lenguaje no fuera del discurso .Dijimos que el Otro no existe Pero hay cuerpo y ese cuerpo goza.

El problema que se me plantea es en que no basta con decir que es un goce inexistente sino que la cuestión crucial es situar ¿cómo algo que no existe, sin embargo tiene tanta  incidencia en la subjetividad, y produce  tanto padecimiento en la vida de un sujeto?

Entramos de lleno en el llamado Otro goce o goce Otro que estaría en relación a un goce suplementario en relación al goce femenino, al goce místico y yo agregaría a la sublimación

En principio decir un más allá del falo suena casi místico y justamente la Mística constituye una de las variantes de este goce junto al femenino y a lo que tradicionalmente se llama sublimación, como fin pulsional  desexualizado.  Podemos señalar ese punto de goce que a mi entender es lo que Lacan articula como el punto de desexualización máximo, diría total, superior sublime en el sentido de la sublimación y por ese punto la sublimación tiene relación con la desexualización y con el goce. El mismo Freud aclaraba a no idealizar la sublimación como destino pulsional ni como un fin posible del análisis ya que no necesariamente conllevaría a un bienestar como consecuencia  de una desmezcla pulsional y una liberación de la pulsión de muerte. Lacan por lo mismo  sitúa diferencias entre sublimación y creación en relación a lo que es posible hacer con lo irreductible 

Este goce Más allá del falo Lacan lo adscribe a la mujer Goce femenino. Freud lo llamaba goce vaginal y a ese misterio  femenino llegó a nombrarlo como "continente negro". Un goce extra en la mujer, además del fálico, un más allá situado por fuera de lo simbólico. Ese goce en la "mujer" que es en parte goce fálico y en parte goce enigmático. La existencia de un goce, inefable en el cuerpo y más allá del lenguaje que hace  borde a lo imposible de un saber, que estaría ligado a una imposibilidad de decirlo todo. Goce  que es en parte goce fálico y en parte goce enigmático. Algo de esta cuestión enigmática es lo que se tiende a llamar "misterios de la femineidad". 

Decimos entonces del goce femenino  (que no solo se adscribe a las mujeres)  que no es reductible a un goce de órgano y que tampoco es localizable y que es por naturaleza sin objeto y que justamente por eso por no estar atado a un objeto aparece como indecible. Un goce que se relaciona con el objeto a en cuanto objeto que nombra la falta de objeto. Un goce que tendría relación con el vacío mismo. La inexistencia, de la relación sexual definida como cuestión lógica quiere decir que no hay proporción sexual, que no es posible escribir una equivalencia lógica entre los goces que llamamos posición femenina y la que no, ya sea que se trate como hombre o como mujer

Volviendo a los Místicos, el momento del éxtasis se consuma sin palabras, fuera de lo simbólico Es a posteriori donde surge el enorme esfuerzo por poder dar un testimonio escrito o poético de esos estados. Un momento por fuera de las palabras como un momento de cortocircuito de lo simbólico. Se observa en los místicos que luego del momento del éxtasis surge en ellos una necesidad de expresar de alguna manera sus experiencias. El testimonio de los místicos es un decir de lo experimentaron pero que ellos nada saben de eso. La multiplicidad de los términos que emplean para poder describir lo sucedido muestra que aquello de lo que hablan  no puede ser limitado por las palabras como si se tratara de variaciones sobre lo indecible Nos entregan un testimonio que puede enseñarnos algo sobre que podemos llamar el Otro goce o goce Otro La importancia fundamental del testimonio es que tal vez sin estas marcas simbólicas acaso puedan quedar tragados por el agujero.... de la psicosis

Este goce también llamado goce del ser, es inefable, está fuera de lo simbólico es una atribución que hacemos de él a la manera de lo real Como aquello que excede y que solo se puede dar cuenta de ello cuando es ceñido por lo simbólico 

Un goce que no solo no está exento de malestar, sino que también tienen sus riesgos por ejemplo finalmente no poder sustraerse a él, no encontrar los límites que lo acoten.

¿Por qué no pensar también la cuestión del goce en el interior de la experiencia analítica? El sentido que tiene el análisis es, que en transferencia, un sujeto se pregunta a quién se dirigen las palabras que pronuncia.  Allí aparece un Otro del lenguaje y ese Otro es quien lee lo que es posible de ser dicho en un momento determinado El sujeto supone allí a ese  Otro encarnado por aquel que opera en posición de analista. S.S.S.              El inconsciente es palabra y  es  también discurso, discurso del Otro. El ello goza...   Tal vez suene a muy esquemático pero me permite empezar a pensar la cuestión de los goces  y la  experiencia clínica

Lacan sostiene que el cuerpo es el lugar donde se experimenta ese otro goce; que es a través del cuerpo. Lugar en que el sujeto entra en contacto con el mundo y con el Otro El cuerpo es el lugar donde se inscriben las marcas que regulan el deseo y el goce del sujeto, y también ese lugar donde se experimenta el dolor y la angustia. La relación entre este Otro goce y el cuerpo es compleja y ambivalente. El goce  concierne ante todo al cuerpo, al cuerpo que llamamos "cuerpo subjetivado por el significante"

Si podemos sostener la oposición entre goce y deseo, les quiero  compartir  un párrafo muy interesante de "Psicoanálisis y medicina" donde Lacan dice "lo que yo llamo goce en el sentido en que el cuerpo se experimenta es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto Indiscutiblemente hay goce en el nivel en que comienza a aparecer el dolor y sabemos que solo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo permanece velada"

El goce es del cuerpo, pero no es alcanzable sino pasando por los desfiladeros del lenguaje 

Pasemos entonces a una nueva vuelta; en un intento esta vez de leerlos en una experiencia clínica

…Vuelta por la clínica


Traje algunos fragmentos de distintos momentos de un análisis que entiendo que en cada uno de ellos se produce alguna vuelta más en relación a... "los goces"   


-        Material clínico      -

- Sujeto a confidencialidad  -


Si hay relato hay dimensión simbólica, opera  el lenguaje que hace barrera, hace tope a ese Goce mudo. 

Ante la pregunta acerca de  ese Otro goce en un análisis, mi propuesta en esta nueva vuelta esta vez por la clínica, sería que del  Otro goce solo podremos inferir que lo hubo, apre coup 

Inferir que lo hubo si por vía del trabajo de análisis y en transferencia, hay acotamiento por  lo simbólico  Producción de escena fantasmatica.  

Digo que lo hubo; porque ya se trataría entonces de un goce acotado por lo fálico. A la manera de lo real cuando es producido por lo simbólico. Leído apre coup



                                                                                                                          Patricia Werfel

                                                                                                       junio 24 del 2023

 


Acercamiento dudoso al goce así llamado “femenino”


Al intentar situar este concepto vemos que el campo teórico es vasto, con múltiples enlaces con otros conceptos. Yo me voy a  centrar hoy, específicamente en la división de goces.

La referencia inevitable son las formulas porque allí hace la divisoria de dos modalidades de goce.  Podemos afirmar que  esas fórmulas intentan  mostrar que la anatomía (y más allá del estado civil)  no comanda al deseo ni a la pulsión. Si bien a ese respecto, de alejarse de la anatomía, Lacan es un poco ambiguo va y viene en Encore por ej. A veces dice “Los dichos hombres o las dichas mujeres” o mejor aún: “la parte mujer de delos seres que hablan” separando la posición de la anatomía,  pero también ambiguamente agrega “Hay un goce de ella, de esa ella que no existe, del cual quizás nada sabe ella misma, a no ser que lo siente: eso si lo sabe. Lo sabe cuándo ocurre. No les ocurre a todas.” De ahí asocia con la frigidez.  Allí se vuelve a pegar al cuerpo cis. (Cisgenero: término acuñado 1994 persona cuya identidad de género y sexo asignado al nacer son el mismo. Cis de este lado. Trans más allá del otro lado) A las mujeres Cis.

 

La fórmula a la que aludí es de sexuacion y eso implica dos lados en su modalidad de goce y su método es lógico. Todo y no-todo regido por el falo. Dice que el punto falible del  discurso filosófico haber desconocido radicalmente el estatuto de goce en el orden de los entes.

 En relación a la forma de denominar Femenino sucede que llamarse hombre- mujer o femenino- masculino arma una extraña homología  en la oposición entre dos alternativas heterogéneas: hombre- mujer que depende de la naturaleza y sus patrones comprobados, y por otro lado macho y hembra que refiere al  parlettre y su sexo erógeno. Del cual justamente parece querer separarse.

Sobre el concepto de Goce diré que  si bien no es oportuno hacer hoy una lista de las definiciones de goce en Lacan, sintéticamente para que tengamos un acuerdo, afirmo que goce es un aspecto de la relación del ser hablante con su cuerpo. Es el más allá del principio del placer. Se presenta como disruptivo, rompe la homeostasis del principio del placer. Es un exceso.  Y no queremos reconocerlo como propio.  No hay sujeto del goce como tal. Hay diferentes subjetividades frente a una satisfacción que no podemos reconocer como propia.  Esto que digo es solidario de la definición del goce como satisfacción de la pulsión. Y las pulsiones son acéfalas. El goce es fijo, no es móvil ni errático como el deseo.  Lacan lo sitúa en el ello en el seminario 14. No en el inconsciente.  


Bueno entonces Goce y Femenino

Femenino ¿Está ligado especialmente a las mujeres? No parece entonces ¿Porque femenino?

Podemos observar que  dentro del corpus teórico del psicoanálisis ni Freud ni Lacan se detuvieron  en las cuestiones específicas  de las féminas como tales como la menarca, el embarazo, parto puerperio.  Freud en “El Tabú de la Virginidad” cuando hace una lista de lo sexual en la mujer, como tabú, si incluye estos eventos. Y Lacan en el seminario 10 cuando habla de la placenta,  pero no hay mucho más. Si, cuando habla del pecho y de amamantar. Femenino como lo pasivo, como la posición histérica, y por ultimo como  nombre de un goce.

Así que femenino atribuido al goce se refiere a otra cosa. Aunque en Encore se desliza (pág. 90) a que es de la mujer (lo sabe cuándo lo siente ella) pero en pag97 “A todo ser que habla, sea cual fuere, este o no provisto de los atributos de la masculinidad – aún por determinar- le esta permitido, tal como lo formula la teoría freudiana expresamente, inscribirse en esta parte. Si se inscribe en ella vetara toda universalidad, será el no-todo, en tanto puede elegir estar o no en Fi de x”

 Entonces dijimos ya que  habría  3 niveles cuando pensamos  femenino supone 1) la biología u organismo, 2) genero 3) goce

 Y 3 niveles que interactúan cuando pensamos psicoanalíticamente: epistémico, clínico, político. 

Epistémico implica todos los préstamos de términos y conceptos que usa el psicoanálisis. Por ej. Estructura” viene de distintos lugares del saber y se ha incorporado con características específicas. Muchos de sus conceptos son re definidos para nuestro campo. 

Clínico, que en este caso supone situar al goce femenino dentro de un discurso específico de cada analizante. Cuestión no sencilla  por las características de este  goce que ya situaremos y es uno de los objetivos de este trabajo

 Política en el sentido que ya hablamos muchas veces que nuestra escucha se desarrolla en un momento especifico cultural. Marie Héléne  Brousse lo llama l’AIR DU TEMP.  Dice ella que la política actual supone que las personas pueden y quieren definirse a nivel de género. Es una posibilidad que antes no existía como tal. Es de este siglo. Aunque si  había particularidades individuales a nivel de los goces, los muros filosóficos y políticos que había no permitían eso.  Se cambiaron y ahora si se puede buscar esa autodefinición. 

 Colette Soler en un artículo  “La maldición sobre el sexo” dice “Cada sujeto encuentra una suerte de pre tratamiento de la carencia sexual por la civilización que le toca. Siendo el inconsciente no-todo individual, sino en gran parte un discurso que regula la comunidad. Se promovió junto a los derechos del hombre, los valores de igualdad entre los sexos, distribuciones cada vez más unisex de estilos de vida. Entonces sobre esa división en dos goces,  tenemos que poder decir algo al respecto. 

Esta idea de No- todo individual, que comparto, es solidaria de lo dicho por Lacan del inconsciente como Trans- individual. Por ej.  en relación a la transferencia,  entre dos, un solo inconsciente 

Pienso que esa denominación de femenino complica un poco las cosas. Deriva en que sería de las mujeres, o se confunde con el placer de las mujeres y así varios enredos más. Lacan lo nombra también Otro goce. Como un goce Otro, otro del sujeto, ajeno diríamos, que toma el cuerpo. Personalmente elijo esa denominación.

La cuestión seria ver las diferencias entre los dos goces. Los distintos goces presentan una relación distinta con el cuerpo y con la palabra.


 El lado hombre, o macho, el goce fálico 

Este es un goce que se define como lenguajero, fuera del cuerpo. Pero este fuera del cuerpo no quiere decir que no afecte al cuerpo. Lo afecta de un modo que hace que este cuerpo quede sujeto a ley. Porque el goce fálico es efecto de la inscripción de la falta en la subjetividad.  Está ligado al lenguaje, por eso dice Lacan que aparece en las formaciones del inconsciente etc. Su anotación de fi mayúscula es un significante que no hace no tiene dupla. La función fálica entonces es contingente: Cesa de no. O sea a veces si a veces no.

El goce femenino u Otro goce  se define como  suplementario, no complementario, porque hay disimetría, no hay acople con el goce fálico. No se localiza en ningún órgano, no puede ser apresado por el lenguaje (Lacan en encore dice Los dichos hombres y las dichas mujeres)

Tomo alguna cita de Lacan en el seminario 20 pág. 90  “Goce femenino sería un goce del cuerpo más allá del falo, pero no sin él”. Es decir que estamos hablando de las estructuras neuróticas. No del desborde gozoso de la psicosis.

 Una diferenciación entonces es que el goce fálico, lenguajero, pasa por el fantasma, lo incluye. El femenino no. Esta más vinculado al silencio a lo difícil de localizar en un lugar preciso del cuerpo. Lacan por momentos lo llama Otro goce. Sería un goce otro que invade el cuerpo entero sin pasar por el fantasma. Es un goce  por lo tanto, rebelde al saber. Es como un rapto a sí mismo. 

Ahora si no queremos/ podemos reconocerlo como propio ¿cómo intervenir sobre eso? Dice Lacan en Encore en el apartado sobre el saber y la verdad:   al goce solo se lo interpela, se lo evoca, se lo acosa, o elabora. 


A estas citas que leí le sigue una que es la vincula el goce femenino con el goce místico. El goce místico podría ser una variante del goce femenino. Lo asemeja no dice que es igual. Viene hablando de la disputa entre el amor físico  y el amor extático  y dice que a la postre el cristianismo termino inventando que es dios quien goza. Y nos manda a leer los místicos donde lo esencial es que dicen  que lo sienten pero que no saben nada de eso. Para los místicos es dios quien se apodera del hombre y el místico es pura receptividad, responde a un llamado y se deja llevar. Al contrario de cualquier ascetismo espiritual que ubique al cuerpo como obstáculo para llegar a dios, en la mística cristiana el cuerpo es el soporte  de la verdad divina. 

Pero ojo, no en todo goce femenino se encuentra el amor como  si es esencial en el místico.

Lacan atendió por 3 años a una mística Marie de la Trinite. Paule de Mulatier (1903-1980) El caso no se conoció hasta hace poco porque ella pidió expresamente que no se publique creo que hasta el 2020. Hay dos libros que se llaman “De la angustia a la Paz” Uno de su biógrafa Christian Sanson con sus cartas, no todas ni ahí, otro de Marie misma a instancia de Lacan lo escribe y cuenta su estancia en el asilo de Bonneval donde fue internada.

Marie tenia apariciones místicas estaba más de 4 horas por día rezando y en un momento dado 1944 empieza a tener obsesiones con la alimentación. Busca tratamientos. Tiene dos médicos antes de Lacan con quienes dura poco tiempo por el tipo de intervenciones que tienen con ella. Dr. Nodet y Dr. Courchet. Ellos  le ponen de manifiesto la sexualización de sus síntomas alimenticios y las supuestas fantasías eróticas con su director espiritual, el padre Motte. Marie no soporta eso y huye y luego busca a Lacan.

 Al motivo de consulta lo llama eso. Nunca lo nombra de otro modo. Y Lacan acepta esa forma de nombrar. 

 Hay cartas super interesantes de ella a Lacan y vuelta. Y hay allí una diferencia de intervención entre Courchet y Lacan. Cuando el primero  le dice que ella está detenida en su desarrollo sexual, Lacan en cambio acepta nombrar “eso” a lo que le pasa, que no es una cuestión patológica, le dice que Dios la puso en sus manos y que él la va  ayudar. Dios, esa es una manera de intrincarse en el cosmos, en el juego de lenguaje que la habita que la determina, como a todos, esa intrincación en el síntoma es lo que ayuda a que se empiece a desatar.  Jorge Baños Orellana lo dice así en un video sobre el tema. 

Creo que esos síntomas interrumpían su goce místico. Eran goce fálico. El goce místico es deseado por ella.  Dice sobre eso:

Durante la oración es peor que en cualquier momento. Eso, interpone tanta opacidad entre dios y mi consciencia. ¿Y cómo entrar en el espíritu cuando el mismo espíritu tiene toda su vitalidad acaparada por la materia? 

  Poder capturar con palabras lo que encarna el goce. 

Pero no se trata de reducir el goce femenino al goce místico. Ese goce es una experiencia que cualquiera puede tener sin dios. Es una producción en el cuerpo hablante sin el Otro absoluto de Dios. Sí hay un absoluto en el goce femenino pero que no es dios ni tiene gloria. En la experiencia mística, el amor es central. No en todos los ejemplos de goce femenino. El goce así llamado femenino conecta con el horror. Con lo no dominado, ni reconocido como propio pero que afecta el cuerpo y la existencia misma.  

Hay preguntas que se me  generaron a partir de lo que estudie y desarrollé

¿Es el goce así llamado femenino obligatorio para todo neurótico? ¿O puede haber alguien instalado de un solo lado de la fórmula, del lado del goce fálico nada más? 

Los ejemplos de mi propia clínica no son posibles de ser escritos por temas de confidencialidad,

Patricia Factorovich

Marzo 2023


miércoles, 12 de julio de 2023

SUSPENSION DE LO INCONCIENTE EN EL MARCO DE UN ANALISIS. OTRO GOCE

                     “… pero más te agradezco lo que 

                                                      no me dijiste.”  


                                                        Este año, impulsados por una propuesta a nuestro juicio muy oportuna, ya que, sin duda, concierne a nuestra clínica psicoanalítica. En verdad tensaremos la pregunta por el alcance de cada análisis. 

Amar y trabajar decía Freud. Estar contento de estar vivo suponía Lacan en los Estados Unidos. Hemos elegido el parámetro del que hacer con el goce y tal como vamos a ver, con el así llamado otro goce. Que alguien se haga escuchar en lo que dice, ciertamente nos resulta esperable, pero lo silenciado y no precisamente por censura, es otra cosa, es de otro calibre para nosotros. Pretendemos trabajar en esa dimensión del más allá del habla, en ese mutis cuya ética nos  interroga. Si el síntoma entendido de manera tradicional, dado el sufrimiento en juego es lo que “da que hablar”, aquello que no responde a una  lógica propia de las formaciones de lo  inconciente necesariamente solicita que tomemos  a su vez otra posición.   Y tal vez nos sorprenda un poco que ese trabajo pueda seguir siendo aún del psicoanálisis. Allí donde lo transindividual de lo inconciente ya no responde ni crea, allí donde, justamente, ya no se goza de su generosidad significante.  Donde, de alguna manera, quedamos desasistidos del uso de la palabra. Ni sueño, ni lapsus, síntoma o witz. Menos un fantasma como axioma siempre tapón justificador del goce.   Y si Lacan decía que la formación del analista eran las formaciones del lo inconciente, todo esto lo deja rengo en su trayecto de análisis pues se trata de una instancia que él no puede no tener en cuenta, esto es, otro goce. En su momento entendimos qué quería decir que “el analista forma parte del concepto de inconciente” pero no sabemos de qué forma parte cuando lo inconciente no responde. ¿No será que ya no tiene que formar parte de nada?  Va entonces la pregunta: ¿De qué se sostiene en ese tiempo –si lo hay- el deseo de analista?


ALGUNAS NOTAS PREVIAS ACERCA DEL TEMA


Un Cuarto Propio

En 1928 la invitan a Virginia Woolf a exponer sobre las mujeres y la ficción. Propuesta nada ingenua pues al ámbito lo constituyen dos colegios universitarios para mujeres de la Universidad de Cambridge. En esa época, el acceso femenino  a las aulas superiores estaba lejos de ser facilitado. La metáfora literaria del cuarto propio llama a entenderla como el lugar de enunciación desde el cual quien fuere, puede decir lo suyo. Es desde allí que Virginia expondrá lo de ella. 

Hay una idea que a nuestro gusto configura un asombroso adelanto. Citándolo a Coleridge afirma que “una gran mente es andrógina”. “…resonante y porosa. Transmite la emoción sin impedimento, naturalmente creativa, incandescente” “Si uno es hombre, no obstante su parte femenina debe tener efecto; y una mujer también tiene que tener trato con el hombre que hay en ella”. Por su parte, Galeano, en  “Los Hijos de los Días” nos recuerda que los meros, peces muy curiosos, son capaces de pasar del lado masculino al femenino con facilidad, sin tener por ello, dice, que pasar al manicomio. Tiresias del agua.

 Un cuarto propio implica el recurso necesario para tomar una posición de prescindencia del Otro que permita decir desde su lugar, mas eximida que atada y comprometida. 

Dice Virginia: “no necesito odiar a ningún hombre”.  Esta posición que contrasta claramente con la demanda por tener,  nos va a resultar compatible cuando más adelante podamos deducir algo de ese otro goce, a veces denominado femenino. Este más allá  del amor y el odio, hace posible descolgarse de la dependencia del Otro. Tanto que se dependa de ese Otro, como imaginar que ese Otro amenace depender. Pesa tanto una como la otra pues encarna la fantasmática de un lado y del otro. 

 Virginia, llegada la guerra y el ocaso de su vida parece haber pagado bastante caro sus palabras. No resultó gratis la experiencia de ver su escritorio, tal como lo relata en su correspondencia con la Okampo como ella le llamaba –su  cuarto propio- destruido.  

Apoyada en algunos indicios supo premonizar que cien años después, o sea casualmente en estos tiempos, las mujeres habrían de dejar de ser el sexo protegido.

Anonimia 

Otra cuestión que captó nuestra atención es la referencia a la anonimia que según dice es de carácter femenino, tanto en hombres, mujeres y demás. En este asunto nunca falta la ironía de mujeres con pseudónimos de varón: Currerr Bell, George Elliot y la/el más conocida/o George Sand. Hay algo de esa posición donde el nombre tal como se entiende tontamente,  no importa. Al respecto imagina una leyenda: “Aquí yacen los restos de una mujer cuyo nombre ha sido escrito en el agua”. Lo leemos como una forma inteligente, de hacerse un nombre que se escribe como acto en su letra. ¡Vaya si ella lo logró!

Histerizar

Durante el tiempo que lleva la puesta en forma de un análisis, es decir en sus comienzos, a la indicación lacaniana de histerizar el discurso la sostenemos con un cierto agrado. En el caso del $ como semblante, eso nos entusiasma ya que nos encamina en el trabajo mientras el discurso se vivifica. Imaginamos que podemos analizar y eso sin duda nos otorga un lugar. La barra, quiérase o no, se confiese o no, opera como un facilitador que aligera significantes. La cadena se pone chispeante, la escucha destila efectos de sentido, el S1 hace de las suyas pero el goce también y como sabemos ese amo está destinado al jaque en el marco del amor de transferencia. Lo decimos porque eso tiene algo de goce, entonces lo que parece fácil encubre y produce la dificultad. Easy comes, easy goes. El amor no es el goce pero el de transferencia es su ámbito. “le ofrecemos al paciente una palestra donde escenificar todo su pulsionar patógeno” Es Freud hablando de la transferencia. Mal necesario para lo imposible del análisis. 

En ocasiones solemos tener la sensación de personas que “se analizan casi solas”.  Al creer reconocer en ese funcionamiento a un analizante, ya tenemos montada la emboscadura del amor. De eso se goza. El lugar del analista siempre tiene algo incómodo por eso hay jornadas de mucho cansancio, efecto de goce en el cuerpo.  ¿Enfermedad profesional? 

Hay un segmento temporal necesario en la construcción de un espacio análitico, un umbral que se construye para transponerlo. Cuando esto no sucede, intuimos que la consulta no prosperará y por ende no habrá sido más que un ademán infructuoso. Tiempo de retirarse en silencio, tal como supo indicarlo el maestro. Resta decir, antes de gozar con una escena de desperdicio. 

Hasta aquí una versión del análisis, que todos conocemos.   De hacerse posible una consulta, ello responde a una especie de inconciente amable de evidente significación fálica. Lacan en el Sem 18 dice que no hay más bedeutung que del falo, denunciando su propia formulación como un pleonasmo.  

Ahora bien, no es que el tratamiento del goce allí es esquivado o eludido. Por el contrario, el goce se encarga tempranamente de hacerse sentir, por ejemplo cuando se pone en juego el relato de un fantasma en las primeras entrevistas. ¿Acaso se trata de un sinvergüenza?  Probablemente no. Se trata de una confesión al amparo de la palabra gozosa, de relatar todo el sufrimiento que depara la imaginación neurótica. Después de todo, mientras se dice no se hace. Amparo que brinda esa escucha sin censura aparente de un analista provisto en la suposición de quien consulta, de una técnica –así se decía- que le enseñó a no ruborizarse. ¿Un analista eximido de goce?  ¿Analista sin fantasma como le escuché alguna vez decir a un colega?

Aquí evocamos a ese fulano que no prosiguió su consulta al descubrir en el gesto de despedida que dado su relato, su pretendido analista había terminado con sus manos transpiradas…signo de goce según él.

Histerizar el discurso genera  responsabilidad en quien dice lo suyo, responde por el lugar que ocupa “en el desorden que denuncia”(Freud con Dora). Allí hay responsabilidad pero limitada. ¿Qué limita? Respondemos,  el falo.  El significante mientras expone, ampara y preserva. Lo limitado –acotado se dice- es justamente el goce. ¿Qué goce? Fálico. ¿se acota o  se redistribuye? Freud decía que a un río no se lo corta, se lo desvía, se lo embalsa, se rectifica su cauce o diversifica, pero nunca se lo detiene. El analizante  “no sabe lo que le espera” (Lacan sem 11),  no aventura qué será capaz de hacer su análisis con su goce. Se supone que está con nosotros para eso.

Hasta aquí, lo concerniente a la histerización deseable para la puesta en forma del discurso a los fines del inicio de un análisis. Edipo y Nombre del Padre son en este tiempo los parámetros tradicionales de los que tomarse.  

¿Que si hay análisis que llegan sólo hasta aquí? Respondemos que si. ¿Que si en ese caso se puede hablar de alguna forma  de  interrupción? ¿Qué si tiene que ver con lo que Freud definía como cura por el amor? Es para el debate.

 ¿Deshisterizar?

Que operemos con una modalidad temporal solidaria de otra lógica no quita que podamos establecer los hitos de un análisis y los periodos por los que el mismo atraviesa. El reconocimiento de esos tiempos orienta la intervención del analista. Por ejemplo, situar las instancias en la construcción del fantasma.  

Si tomamos el  nudo achatado de la Tercera (Lacan 1974) como soporte, podremos ver allí establecidas las diversas modalidades de los goces. Goce fálico entre lo simbólico y lo real, menos el a. Goce el Otro entre lo imaginario y lo real meno el a. El sentido entre lo imaginario y lo simbólico menos el a. Como vemos ese punto central donde se ubica lo restado a cada goce es el plus de goce. Aqui dice Lacan  que es donde conecta todo goce.

 A propósito de ello, se nos impone una discriminación a realizar. Por momentos nos parece algo muy evidente y por momentos no tanto. Aludimos a la diferencia entre lo que se denomina Goce del Otro y nuestro tema central, el goce otro o goce femenino. Uno alude al goce que no existe pero genera efectos, por ejemplo en las psicosis y algunos episodios neuróticos. Otro refiere a cierta experiencia de carácter femenino del que no tardaremos en ocuparnos. De hecho, de una lado tenemos al fuera de discurso de la psicosis y del otro un fuera de lenguaje en el goce otro o femenino. No se podría afirmar que el éxtasis o trance que caracteriza la experiencia del goce otro se equipara a un brote alucinatorio en la psicosis. No se trata, por ejemplo, del empuje a la mujer en Schreber. No obstante, el acceso a tal modalidad de goce otro en hombres, mujeres y demás, presenta aunque más no sea en lo descriptivo,  cierta pérdida de parámetros normativizantes que evocan una suerte de enloquecimiento. Justamente allí decimos que hay extravío de la brújula fálica. Ya no estamos entonces en la dimensión de un discurso histerizado, sino mas cerca de su contrario, a saber una deshisterización. Esto es que el falo ya no rige como efecto de ley paterna, el Edipo freudiano no oferta ni salida ni destino, no es a favor ni en contra del padre y todo hace pensar en una experiencia de desubjetivación. Igualmente, para nuestro alivio,  el nudo deja en claro que los goces coexisten en el hablanteser y si bien no se trata de un equilibrio, si de una diversificación a sostener anudada. Hay que advertir en este punto, que el pasaje al acto configuraría por cierto en este caso un derrape infeliz. 

Asimismo, si de fantasma atravesado hablamos al fin del análisis como modo de hacer con el goce, esto puede emparentarse justamente con el significante de la falta del Otro que Lacan ubica a la izquierda del piso superior del grafo del deseo. En el registro de lo inefable, de lo que no se dice. Aquí el goce esta en el limbo. Absolutamente diverso del parloteo del síntoma, tiempo en que se goza de lo inconciente con derecho pero luego con abuso. Si no se detecta ese exceso, el análisis se estanca inevitablemente, pues queda patinando de significación en significación en busca de una verdad simulada.  Corresponde hacerlo avanzar para conmoverlo de ese principio del placer, Lacan dice, a riesgo de un enloquecimiento en la transferencia en reclamo de la elucidación perdida. Si damos ese salto y salimos de allí, lo que nos espera no es más sencillo. 

He aquí nuestro tema, el goce otro. Goce que no se liga a nada, que no refiere  a nada, no implica un ideal, mucho menos una buena voluntad. Ningún Otro responde allí por nadie, por ende inconsiste más que nunca la identidad pues ya no hay interés en sostenerla. Recordemos aquí la referencia de Woolf a la anonimia.   No rige instinto alguno de preservación aunque está lejos de ser un suicidio. Es una experiencia de desamarre –y es en eso que se asemeja sin serlo a un desencadenamiento psicótico-, una locura si se quiere transitoria, un trance. Se siente pero no se dice y como no se dice no se explica porque no se depende del Otro. Hay más bien un desentendimiento del Otro que tampoco es autismo ni egoísmo porque no es para el ego. Es el espíritu lo que allí juega, por más confuso que ese término nos resulte a los analistas. A la vez, quisiéramos diferenciarlo del éxtasis que refieren  los místicos, lo dejo para el debate.

Sandor Marai dice: “Como cada beso humano, es también una respuesta –a su menera distorsionada y tierna- a una pregunta que no se puede formular con palabras” (El ultimo Encuentro) 

Tiempo en que cae el sistema de lo inconciente, propusimos que se suspende,  fue la figura más aproximada que pudimos encontrar. Quizas, si la presentación no los agobia, agregaremos un relato de la clínica que intenta traerlo a colación. 

                                                                    

                                                               Marcelo Peluffo 

                                                                              Abril/23