sábado, 25 de junio de 2016


Grupo de los sábados. Lo real en la clínica psicoanalítica.
Ana Staw.
Mayo 2016

¿Cómo articular lo real en los modos de intervención del analista?

¿Qué estatuto cobraría la Construcción como modalidad de intervención en la clínica?

Me basaré en un par de trabajos escritos por mí para la Revista de la Sociedad Porteña de Psicoanálisis, N°9 y 12, que a partir de su relectura les daré algunas otras vueltas, algunas que incluso interrogan lo planteado por mí en los mismos.

Al trabajar específicamente el concepto de construcción en el artículo homónimo,  Freud dice que “la tarea del analista es hacer surgir lo que ha sido olvidado por el paciente, a partir de las huellas que ha dejado tras sí, o más correctamente, construirlo; siendo la transmisión de sus construcciones el nexo entre las dos partes del trabajo analítico, entre su propia parte y la del paciente”.[1] Compara la tarea del analista con la del arqueólogo, ambas basadas en el trabajo sobre fragmentos, siendo preliminar la labor del analista, al dar lugar al trabajo analítico; mientras que la tarea del arqueólogo es un punto de llegada. Diferencia construcción de interpretación, ubicando a esta última ligada a “alguna cosa que uno hace con algún elemento sencillo  del material, como una asociación o una parapraxia”, los que Lacan denominará equívocos significantes, y privilegia para la  construcción la recuperación de un fragmento olvidado, o que nunca fue olvidado por no alcanzar siquiera el estatuto de una representación.

La construcción y la interpretación forman parte del trabajo que incumbe al analista, en su posición de intérprete. Interpretar, remite al trabajo de esclarecimiento del deseo inconsciente a partir de las leyes que rigen los procesos primario y secundario del funcionamiento psíquico. Tal desciframiento descansa sobre el análisis de los mecanismos propios del desplazamiento y la condensación. La construcción tiene por fin reencontrar ese “fragmento de verdad” que pertenece a la historia del conflicto pulsional, el mismo fundamento de la estructura psíquica.

La modalidad en que la construcción es transmitida por el analista en  los ejemplos propuestos por Freud, da cuenta de una estructura narrativa y conjetural, a ser confirmada a posteriori  por  el paciente de modo indirecto. Por ejemplo, si se producen nuevos recuerdos que completen o amplíen la construcción. Otros modos de confirmación mencionados por Freud son la asociación del paciente con otros temas, la afirmación de no haber pensado nunca en eso, o la reacción terapéutica negativa.

La construcción enlaza al aparente no sentido de un enunciado la puesta en escena a la cual pertenece y que el velo de la amnesia había recubierto, para constituir una ficción que ubica una porción del pasado olvidado. El origen es mítico, y como tal, ficcional. El concepto de construcción propuesto por Freud en 1937 posee esta modalidad.

Si bien Lacan no abordó específicamente el concepto de construcciones desde la perspectiva freudiana, en referencia a las construcciones trabajadas en el artículo homónimo, y sí lo hizo en relación con la construcción fantasmática, es interesante localizar ciertas elaboraciones que podrían aproximarse a las mismas desde la perspectiva del mito.

En la clase del 27/3/57, Lacan propone “el carácter de ficción que el mito tiene…mantiene una singular relación con algo que siempre se encuentra detrás implicado…se trata de la verdad…la verdad tiene por así decirlo, estructura de ficción.”[2]

Varios años después, en la clase del 11/3/70 del Seminario “el Envés del Psicoanálisis”, haciendo referencia al discurso psicoanalítico señala: “Lo que constatamos de lo que adviene del saber en el lugar de la verdad... es el mito... La verdad sólo se soporta en un semidecir... Abreviando, el semidecir es la ley misma interna, de toda especie de enunciación de la verdad y lo que mejor lo encarna es el mito.”.   En Televisión, Lacan avanza más, diciendo:

“Aún si los recursos de la supresión familiar no fueran verdaderos habría que inventarlos y de ello no nos privamos (haciendo referencia al analista).Eso es el mito, la tentativa de dar forma épica a lo que se obra de la estructura”.[3]

Freud se interroga en su artículo sobre  los modos en que se convalidará la veracidad de la construcción, nos dice:” El camino que empieza en la construcción del analista debería acabar en los recuerdos del paciente, pero no  siempre llega tan lejos…en lugar de ello, si el análisis es llevado correctamente, producimos en él  una firme convicción de la verdad de la construcción que logra el mismo resultado terapéutico que un recuerdo vuelto a evocar”. La convicción de la verdad de la construcción es equivalente al recuerdo. Para llegar a ello se requerirá de la confirmación  por parte del paciente. La construcción es incompleta, esta incompletud deviene del lugar que Freud le asigna a la construcción como labor preliminar. Los modos de convalidación son indirectos y son habilitados por el lugar que le da la transferencia. A ello se refiere cuando nos dice: “Es verdad que no aceptamos el no de una persona en tratamiento por su valor aparente, pero tampoco damos paso libre a su ...” Despliega estas modalidades afirmando que las construcciones son incompletas y cubren solamente pequeños fragmentos de los sucesos olvidados, otorgando el mayor interés a formas indirectas de confirmación, ya sea al decir del paciente “yo no pensé nunca en esto” o a las asociaciones que surgirán conteniendo algo similar o análogo al contenido de la construcción.  Es interesante la referencia que hace a los recuerdos “ultraclaros” y la relación con lo “visto u oído”. En su afirmación acerca de que la verdad de la construcción logra el mismo resultado terapéutico que un recuerdo vuelto a evocar, podemos inferir que la misma será, como toda verdad, a medias.

Dice Ravant: La justificación de la construcción analítica es su capacidad no para descubrir una verdad primera oculta tras las deformaciones históricas, sino para integrar estas mismas deformaciones en un espacio en el que constituyan la verdad traumática y la verdad como trauma, Para Freud, la verdad es el trauma. Plantea la construcción como un desafío a lo real. Homologa con el asesinato del padre diciendo que la dificultad estriba no en la ejecución del acto sino en la eliminación de sus huellas.

(Lo traumático es la relación sexual que no hay, la castración?)

Podríamos pensar las construcciones como un modo de intentar abordar lo real, lo no asimilable por las representaciones e imposible de ligar. La construcción, como la verdad, no dice todo,  tiene estructura de ficción.

El modelo de construcción propuesto en 1937 establecería  una  modalidad lógicamente anterior y posibilitadora de la construcción del fantasma planteada en el artículo de 1919. El lugar  que Freud le otorga a las construcciones al final de su obra es una labor preliminar que posibilitará el armado de la frase y la escena, que da cuenta del modo particular de goce del sujeto en el fantasma. (Aquí surge la duda si es cuestión de engordar el fantasma, construirlo para atravesarlo o esto impide o dificulta la línea de la separación y del síntoma).

Claude Ravant escribe: “la construcción es una especie de moneda de la transferencia, al servicio no de una imagen a reconstruir sino de una significación a inventar”.[4] Trabaja el artículo de Freud  “Construcciones en Psicoanálisis”  señalando que la construcción aleja la búsqueda del sentido para apuntar a un trabajo de significación, donde, a partir del indicio de las repeticiones, el analista no adivina, construye. Invención que  excluye la subjetividad del analista y responde a cierta inferencia lógica. Es posible pensar el término “inventar” en este contexto desde una de las acepciones que le otorga la Real Academia Española: “Hallar o descubrir algo nuevo o no conocido”. 

El modelo de construcciones planteado en el artículo freudiano del 37 se vuelve particularmente necesario en aquellos pacientes en los que la constitución fantasmática se ha detenido o ha fracasado en su armado. (o en los casos que hablamos de traumas como una bomba que estalla, abusos sexuales, maltrato infantil)  El analista tendrá que estar advertido de que se maneja con ficciones que operan en transferencia en todos los casos, y que este modelo propuesto por Freud hace hincapié en su lugar de labor preliminar.

La teoría analítica recurre a la construcción del mito y del fantasma para decir  metafóricamente de ese real imposible.Se construye en torno a lo faltante. En la  construcción, el analista aporta significantes que permitirán cernir el trauma (modelo de construcción “narrativa”),  para a posteriori ubicar una posición de goce (construcción del fantasma???).

Las construcciones designan una modalidad de la labor analítica para el tratamiento de lo traumático inasimilable. Será la construcción de la frase gramatical un modo privilegiado para develar cómo el analizante responde con su goce a aquello traumático, la falta en el Otro (esto también es traumático). Relación a un imposible de decir que necesita ser nombrado, para que en ese lugar un sujeto advenga.

En 1937, Freud escribe "Análisis terminable e interminable" y  "Construcciones en el análisis". En la articulación de ambos textos, se pone de manifiesto la reconsideración del estatuto de la construcción a la luz de los problemas de lo terminable o interminable del análisis. Este momento de la obra freudiana, anuda la producción teórica vinculada al simbolismo y al desciframiento, con la preocupación por la dinámica transferencial  y las preguntas en torno a lo reprimido primordial y a su implicancia  en cuanto al fin de un análisis.

En “Análisis terminable e interminable” plantea como un “objetivo ambicioso” del final de un análisis, llenar las lagunas de la memoria, y ese sería precisamente el propósito de las construcciones. Aquí una primera interrogación: ¿la tarea preliminar incluye en si misma el “objetivo” del final?

Vayamos al texto: Freud señala que “un análisis ha terminado cuando paciente y psicoanalista ya no se encuentran en la sesión de trabajo analítico y se han cumplido dos condiciones: que el paciente no padezca a causa de  sus síntomas y haya superado sus angustias así como sus inhibiciones y que el analista juzgue haber hecho consciente en el enfermo tanto de lo reprimido, esclarecido tanto de lo incomprensible, eliminado tanto de la resistencia interior, que ya no quepa temer que se repitan los procesos patológicos en cuestión ……El otro significado de término de un análisis es más ambicioso…La pregunta es si mediante el análisis se podría alcanzar un nivel de normalidad absoluta…estable,…por ejemplo, si se hubiera logrado resolver las represiones  sobrevenidas y llenar todas las lagunas del recuerdo.”[5]

Para el objetivo de llenar las lagunas de la memoria Freud propone la herramienta de la construcción. Plantea en tiempo condicional una normalidad estable y sin lagunas, poniendo en duda la posibilidad última de dicha tarea. En los primeros tiempos de su obra, Freud intenta encontrar la causa última del síntoma en referencia a una escena primitiva efectivamente vivida y a la cual da el estatuto de verdad histórica. Con la teorización de la realidad psíquica y la conceptualización de lo traumático despegado de un suceso acontecido, y  sí ligado a fantasías, Freud  plantea en “Construcciones en psicoanálisis”, que aunque no se recupere algún recuerdo, es decir, aunque no pueda encontrarse un referente en alguna vivencia susceptible de recordarse, la construcción puede operar con la misma eficacia y tener el mismo efecto de verdad que si se tratara de algo realmente recordado[6]. Freud no es concluyente y deja esta vía abierta a la investigación. Deja de buscar la referencia a algún hecho acaecido, para apoyarse en la estructura de ficción que la construcción supone. El efecto de verdad queda articulado a la verificación que suponen las nuevas asociaciones y las consecuencias de la intervención del analista en el goce del síntoma. Freud plantea tres factores  en juego en el tratamiento psicoanalítico: la influencia de los traumas, la intensidad constitucional de las pulsiones y las alteraciones del yo. Respecto de la intensidad de las pulsiones, plantea que si el conflicto pulsional no es actual o no se exterioriza, es imposible influir sobre él mediante el análisis. Afirma que esta tarea, además de imposible tampoco es deseable.[7]

Para pensar la "intensidad constitucional de las pulsiones" podemos establecer un puente con los desarrollos lacanianos. Por un lado,  lo constitucional que el Otro trasmite, incluye su barradura,  que determina un resto irrecuperable para la memoria, que hace necesaria  la construcción.  La intensidad pulsional no es ajena a la trasmisión de una falta en el campo del Otro. En la fórmula de la pulsión está escrita del lado del sujeto por su barradura y del lado del Otro por la Demanda, que supone allí la presencia del deseo. Es necesaria la inscripción de esa barradura para la constitución de un sujeto y el posterior armado del fantasma ($<>a) como respuesta ante el deseo  del Otro.

Freud continúa en su artículo: “El analizado mismo no puede colocar todos sus conflictos dentro de la transferencia, y tampoco el analista puede, desde la situación transferencial, despertar todos los conflictos pulsionales posibles del paciente….uno le cuenta al paciente sobre las posibilidades de otros conflictos pulsionales y despierta expectativas en él. Uno espera que tal comunicación tendrá por resultado activar en el paciente uno de estos conflictos... Pero el resultado que se esperaba no comparece……Uno ha aumentado el saber del paciente sin alterar nada más en él.”[8]. En la traducción de López Ballesteros dice conocimiento en lugar de saber.

Lacan nos dirá: “Entonces, ¿qué quiere decir conocer? Conocer su síntoma quiere decir saber hacer con, saber desembrollarlo, manipularlo. Lo que el hombre sabe hacer con su imagen, corresponde por algún lado a esto, y permite imaginar la manera en la cual se desenvuelve con el síntoma...Saber hacer allí con su síntoma, ése es el fin del análisis”[9]

Podemos pensar que aquí  diferencia dar sentido de lo que dirá en relación a las construcciones. En ellas podemos  considerar que apuntan a lo reprimido originario, que plantea como necesario construir para poder devolver al analizante una palabra por él desconocida, de lo que se trata es que esa enunciación no siempre ha sido ni es necesario que haya sido realmente pronunciada. Prestando en la transferencia un espacio donde las marcas del goce  del sujeto formen ideas sobre su lugar como objeto del Otro, ideas que llegan de ese objeto y forman frases.  Retórica significante, y gramática pulsional, modalidades de construcción diferentes (planteadas en el artículo anteriormente mencionado.[10])

Las construcciones psicoanalíticas pueden ser tomadas como una ficción verdadera.

El criterio de este bien decir, frente a lo real, es en definitiva advertir lo que eso satisface.

Un psicoanálisis es una experiencia que parte de una ficción soportada en el Sujeto supuesto Saber. Pero al mismo tiempo, es una experiencia que consiste en deshacer esta ficción.  El psicoanálisis no es el triunfo de lo ficcional: la ficción es allí más bien puesta a prueba en relación con su impotencia para resolver la imposibilidad de lo real.

Lacan en el seminario El revés del psicoanálisis plantea el esquema de los cuatro discursos como una estructura necesaria de algo que va más allá de la palabra. Se trata de un cierto número de relaciones estables en cuyo interior puede inscribirse algo más amplio de lo que hay en las enunciaciones efectivas. La verdad es un lugar, al que irán diferentes “operadores”, según el discurso del que se trate. En los discursos no se garantiza la verdad, sino un lugar para ella.

Ya en el seminario  Sobre los escritos técnicos de Freud, Lacan hace referencia al texto “Análisis terminable e interminable” como uno de los más importantes en lo que a técnica se refiere. Plantea  como fundamento del análisis la reintegración por parte del sujeto de su historia hasta sus últimos límites sensibles, pero considerando la historia como el pasado historizado en el presente.  Y lo articula con el escrito Construcciones: “Que el sujeto reviva, rememore los acontecimientos formadores de su existencia no es en sí  tan importante. Lo que cuenta es lo que reconstruye de ellos”[11]      

Educar, gobernar y analizar son planteadas por Freud como tareas imposibles.  La  idea de estas tareas como imposibles también podrían  favorecer la argumentación de infinitud o interminabilidad de las mismas: siempre se puede seguir analizando, educando y gobernando. Pero precisamente, la inscripción de la imposibilidad pone un límite que quizás termina ubicándolas como finitas.

Freud diferencia la construcción de los otros modos de intervención luego de haber pensado el análisis terminable, ¿no otorga a esta modalidad un estatuto, que si bien es “preliminar” se liga al final como un límite?

Freud afirma que “Todo analista debería periódicamente -a intervalos de unos cinco años- someterse a un nuevo análisis sin sentirse avergonzado de dar este paso. Esto significaría entonces que no sólo el análisis terapéutico de los pacientes, sino su propio psicoanálisis, se transformarían desde una tarea terminable en una tarea interminable.”[12]  Previene contra un malentendido: no quiere decir que el análisis sea algo que nunca termina. El fin de un análisis es una cuestión práctica.  Nuestra aspiración no será borrar toda peculiaridad del carácter individual en favor de una «normalidad» esquemática ni exigir que la persona que ha sido «psicoanalizada por completo» no sienta pasiones ni presente conflictos internos.

Freud introduce el problema de la castración a partir de la diferencia de los sexos.

En  términos freudianos lo que debe revelarse al final del análisis es la significación de la castración. Lacan aborda  la subjetivación de la castración. Y más tarde, será la subjetivación de la relación sexual en tanto que no existe.

Los dos temas, que se corresponden, son: en la mujer, la envidia del pene  y en el varón, la lucha contra su actitud pasiva o femenina frente a otro varón. Lo que era común a los dos temas fue aislado en una temprana época de la nomenclatura del psicoanálisis como una actitud hacia el complejo de castración. “A menudo uno tiene  la impresión de haber atravesado  todo el estrato psicológico y llegado, con el deseo del pene y la protesta masculina a la roca de base, y de este modo, al término de su actividad. Y así tiene que ser, pues  para lo psíquico, lo biológico desempeña realmente el papel  del basamento  rocoso subyacente…Sería difícil decir si en una cura analítica hemos logrado dominar este factor…. Nos consolarnos con la seguridad de haber ofrecido al analizado toda la incitación posible para reexaminar y variar su actitud frente a él. “[13]

Lacan nos dirá que a lo que Freud se refiere con la metáfora de la castración o la envidia del pene no es otra cosa que a la falta. Y si Freud marcó el carácter infinito de ciertos análisis es que no vio que la solución del problema de la castración no está alrededor del dilema de tenerlo o no, porque esto no es sino cuando el sujeto se da cuenta de que no lo es[14].

En la  experiencia analítica el sujeto  se enfrentará a cada momento a un desgarro inevitable: el encuentro con su propia castración. Pero es a partir de allí que construye y constituye una nueva y genuina forma de saber y un que-hacer distinto que alcanza al goce que el síntoma conlleva.

Lacan introducirá el concepto  de sinthome en relación al fin de análisis. La concepción del fin de análisis lacaniano atravesó los recorridos teóricos de la construcción y la travesía del fantasma -donde  se resignifica la relación con el goce- hasta un saber qué hacer con el síntoma y la función de lo que denominó el sinthome.

El análisis apuesta a articular algo de la carencia estructural.

Construcción del fantasma, posición de goce del sujeto. ¿Es posible pensar un fin de análisis sin haber transitado por esta vía? Condición necesaria. ¿Pero suficiente? ¿Qué seria pensar en la línea del acto o del sinthome si éste no está abrochado a la travesía del fantasma?

Podemos pensar que el fin de un análisis es algo que se construye desde el  principio.   Consideraremos  fin, no sólo como conclusión, sino también como finalidad, presente desde el inicio de un tratamiento y que incluye en sí mismo la posición desde donde uno se ubica como analista.

A partir del despliegue de estos conceptos y diferentes lecturas de posiciones diferentes me han surgido las siguientes preguntas que  hacen foco en la dirección de la cura:

Lo real repite, lo que no cesa de no escribirse, se restó al significante. Lo sintomático, lo que no cesa de escribirse se restó al significado. ¿Todo lo que se repite como real es separador?, ¿eso real descoloniza al sujeto del deseo del otro? ¿Eso traumático sería algo forcluido pero no en la línea del Nombre del padre?

No se puede olvidar lo que no se pudo inscribir.

Si los tres registros se anudan, ¿podemos hablar de lo real por sí solo?

Considerando al fantasma como aquello que aliena al sujeto al Otro hay quienes postulan  con un recorrido minucioso el lugar del síntoma como relacionado a la separación, ¿es posible pensar que en el síntoma no haya una “pata” del fantasma?                                                                                               




[1] Freud, S.; Construcciones en psicoanálisis. en OC, Amorrortu Ed, Buenos Aires, 1980, T.XXIII.
[2] Lacan, J: La relación de objeto, Seminario IV, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1994, Cáp. XV, Pág. 253.

[3] Lacan, J:Televisión, El desvarío de nuestro goce, Ed. Anagrama, Barcelona, 1977, Cáp. V. Pág. 116.
[4] Rabant, Claude: Inventar lo real, Ed Nueva Visión, Bs. As, 1993,Pág. 59
[5] Freud, Sigmund: “Análisis terminable e interminable”.En OC. Ed. Amorrortu, Buenos Aires 1990. Tomo XXIII.
[6] “El camino que parte de la construcción del analista debía culminar en el recuerdo del analizado, ahora bien, no siempre lleva tan lejos. Con mucha frecuencia no conseguimos que el paciente recuerde lo que ha sido reprimido…. En lugar de ello, si el análisis ha sido ejecutado de manera correcta, uno alcanza en él una  convicción cierta sobre  la verdad de la construcción, que en lo terapéutico rinde lo mismo que un recuerdo recuperado. Bajo qué condiciones acontece  esto, y cómo es posible que un sustituto al parecer no integral produzca, no obstante, todo el efecto, he ahí materia de una investigación posterior
Freud, Sigmund: “Construcciones en el análisis”. En OC. Ed. Amorrortu, Buenos Aires 1990. Tomo XXIII.


[7] “No, queremos significar otra cosa, que en términos aproximados se puede designar como el “domeñamiento” de la pulsión. Esto quiere  decir que la pulsión es admitida en s u totalidad dentro de la armonía del yo, es asequible a toda clase de influjos por las otras aspiraciones  que hay en el interior del yo y ya no  sigue más su camino propio hacia la satisfacción….” Freud Sigmund: “Análisis terminable e interminable”.Op cit.

[8] Freud, Sigmund. “Análisis terminable e interminable”.Op cit.
[9] Lacan, Jacques: L’insu Que Sait De L’une–Bévue”.Capitulo 1. Inédito
[10] Staw, Ana: “Construcciones” en Revista “La Porteña” Nº  9. Ediciones iRojo, Buenos Aires 2007, Pág. 65

[11] Lacan, Jacques: “Los escritos Técnicos de Freud”. Editorial Paidós. Buenos Aires 1981.Capítulo 1. Punto 3
[12] Freud, Sigmund. “Análisis terminable e interminable”.Op cit.
[13] Freud, Sigmund: “Análisis terminable e interminable”. Op Cit.

[14] Lacan, Jacques. Seminario XIII. Clase 4. Inédito.