sábado, 8 de octubre de 2016

La noción de Real y nuestra clínica
Patricia N. Werfel

La dificultad de abordar la cuestión de lo Real es intrínseca al tema mismo que tratamos de abordar
Como hablar de lo Real sin entificar? Como ceñirlo por el lenguaje si es lo que lo excede?
Me pregunto: Que le aporta esta cuestión a nuestra clínica?
Real…algo a producir…no a encontrar……un producido no un antecedente…algo que no está allí….pero hacia lo cual nos orientamos….. Sirve para pensar un horizonte….no un punto de llegada....
Allí ya habría algo que lo empezaría a ubicar….
 Lacan cuando inaugura la sección Clínica de París (abril de 1977) y en respuesta a una pregunta, da una definición de lo Real. En esos días dictaba el Seminario L'une- bévue, título que es posible traducir como Una-equivocación y que es un juego de palabras homofónico con el término alemán Unbewusste. Es decir que en el momento en que hace la apertura de la Sección Clínica se encuentra en plena reformulación del inconsciente freudiano. Este texto también es contemporáneo a Televisión y el Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI
Dice en su respuesta: “lo real en tanto es lo imposible de soportar”, no solo lo imposible. Decir que lo real es lo imposible es  distinto a decir que lo real es lo imposible de soportar. Patricia lo trajo en su presentación, yo quisiera detenerme en este punto, por lo que implica
Ya que lo imposible es otra cosa  Lo Real como imposible se refiere a un real que surge a partir de un impasse de la formalización, que no cesa de no escribirse,  que al mismo tiempo no cesa de escapar a la máquina significante.
Lo imposible de soportar es otra cosa. Lo Real como imposible de soportar va más allá de una  escritura lógica y matemática. "Soportar" hace surgir, en medio de la formalización imposible, la dimensión de la carga, del peso, incluso del sufrimiento. En síntesis, podemos decir que para soportar hace falta un cuerpo.
En nuestra ultima reunión algo de esta cuestión hablamos cuando  se pregunto sobre lo real de la muerte y de ahí derivamos en incluir la cuestión de lo pulsional, no solo la pulsión de muerte sino como  el recorrido de la pulsión bordeando un vacio
¿Pero, me pregunto, para quién, entonces, lo real es lo imposible de soportar? Por empezar, para el que nos llama, para aquél al que llamamos paciente, ya que para él lo imposible de soportar se presenta como urgencia, como desborde en el cuerpo o del pensamiento.
Ataque de pánico, crisis de angustia, crisis, angustia, neurosis de angustia como las llamo Freud
Yo prefiero nombrarlas como crisis de angustia
Creo haber leído que es  Miller….. el que sostiene que el síntoma sólo toma forma clínica cuando es imposible de soportar, y que mientras tanto, uno se las arregla.
Con todas las salvedades que implica para mi pensar un síntoma fuera del dispositivo analítico. Es decir en un sentido estricto. Lo pienso en un sentido amplio y creo que le da una vuelta interesante a esa cuestión  de “lo imposible de soportar”
Toma como ejemplo cuando Lacan dice de sí mismo en el seminario L'une-bévue: "soy un histérico perfecto, es decir sin síntomas o en el Seminario V “Las formaciones del Inc.”, comenta en la misma dirección: "Les recordé cómo vive Dora hasta el momento en que se descompensa su posición histérica. Está muy a gusto, con la excepción de algunos pequeños síntomas, pero que son precisamente los que la constituyen como histérica". Si se quisiera avanzar osadamente en esta diferencia que él hace en la distinción entre el síntoma clínico y el síntoma no clínico, podríamos  conjeturar que esto anticipa algo que tendría que ver con el   sinthome  pensado como manera de arreglárselas, de darse maña con lo Real, Sin entrar en precisiones sobre el tema sino como una atrevida aproximación la cuestion del Sinthome es muy vasta
Pero también para nosotros analistas la clínica es lo Real en tanto imposible de soportar. La clínica como imposible de soportar va de la mano de la clínica como un intento vano de ordenar lo real, de buscarle una ley, de simbolizarlo. Toda clasificación es eso: una tentativa de regular lo real, de enmarcar lo imposible de soportar, lo imposible de la práctica del psicoanálisis. Y si clasificamos síntomas, tejemos nudos, dibujamos cuadros, escribimos fórmulas, trazamos grafos, nos juntamos los sábados a la mañana……es porque diariamente hacemos la experiencia – insoportable a veces- de que en lo real no hay clases, solo piezas sueltas y dispares,

Esto imposible de soportar me llevo a la cuestión del Trauma, que ya trabajamos acá con la presentación de Adriana
El trauma como  lo real como inasimilable. Una excitación sin palabras, sin saber. Un hecho sin dicho. El trauma supone siempre una contingencia, un encuentro imprevisto y azaroso. La excitación propia del trauma puede provenir "de fuera" o "de dentro" pero, para que sea trauma, tiene que ser un acontecimiento con una implicación subjetiva. Algo que concierne al sujeto. Una mezcla de real y subjetividad. La marca del trauma perdura y se impone en la repetición. Faltan las palabras para decir lo insoportable.
Como el trauma presenta un aspecto incurable estructuralmente, el sujeto se dota de un fantasma para soportarlo. Por eso el trauma está oculto detrás de la pantalla del fantasma. Lacan dice algo así: que "tenemos que detectar el lugar de lo real, que va del trauma al fantasma -en tanto que el fantasma nunca es sino la pantalla que disimula algo absolutamente primero, determinante en la función de la repetición-“
Entonces; lo imposible de soportar nos lleva a trauma,  repiticion y fantasma
Partamos del axioma de que hay un saber en lo real. Los planetas "saben" que deben girar describiendo una determinada órbita.  Los animales saben el comportamiento que deben seguir para copular (eso se llama instinto). Pero a nosotros, los seres humanos, nos falta ese saber, en lo real, sobre el goce (sexual). No disponemos de la respuesta automática del instinto. Esa sería una forma de pensar la expresión de Lacan: "No hay relación sexual". Es decir, no hay relación natural, calculada por la naturaleza, de lo que debe ser la relación entre un hombre y una mujer.
No es el sexo lo traumático, sino la ausencia de saber y el enigma en el que esa ausencia deja al sujeto porque no hay respuesta. El cuerpo, como construcción simbólica, no integra el todo del goce. Por eso el sujeto tiene que construir su propia respuesta en forma de síntoma. Todos los  neuróticos responden bajo la forma de su síntoma.
Ya Freud hablaba de  al menos dos momentos del trauma: el trauma causal (que produce el surgimiento del síntoma) y el trauma originario (la irrupción de lo real en la vida del sujeto). A la vez, la causa deja de ser lineal, ya que se juega en el après-coup de sus efectos.
Hace unos años presente un trabajo sobre la nachtraglichkeit freudiana y el apre coup. Tome el caso Emma escrito en Proyecto de una Psicología para Neurólogos, texto de 1895, comenta allí el caso en que Emma presenta como síntoma el no poder entrar sola a una tienda. Dos escenas se desprenden del relato de esa paciente: la primera transcurre a los doce años. Recuerda entrar en una tienda y ver dos dependientes riéndose. Emma echa a correr presa del susto. Ella piensa que los dependientes se reían de sus vestidos así como también dice que uno de ellos le había agradado sexualmente. Al inicio  aparece la segunda escena. Emma recuerda que teniendo unos 8 años, acude en dos oportunidades a una pastelería. La primera vez, el pastelero le pellizca los genitales a través del vestido. Ella vuelve una segunda vez a pesar de ello.
Freud ubica “la risa” (de los dependientes y la mueca sardónica del pastelero) como el eslabón entre la primera y segunda escena, pudiendo de esta forma encontrar la determinación del síntoma. La risa de los dependientes le evoca inconscientemente a Emma, el recuerdo del encuentro con el pastelero.
Es posteriormente con la pubertad que inconscientemente ese encuentro con el goce será interpretado como traumático; Freud nos dice que su “recuerdo despertará un desencadenamiento sexual que se convierte en angustia”.
La escena con el pastelero no había sido traumática ni desagradable para Emma. Freud mismo dice que el afecto no surge en el mismo momento del encuentro con el pastelero sino tras la nueva comprensión de lo recordado en el momento de la pubertad
Ese encuentro deviene traumático en tanto recuerdo reprimido con una significación que el sujeto le dará años más tarde, en el encuentro con el Otro sexo.
No hay trauma antes que se desencadene la defensa, sólo una escena a la espera de su destino psíquico según un nuevo universo significante, en este caso la pubertad.
Un primer tiempo mudo (vivencia sexual prematura traumática) que no se funda hasta la segunda escena sobre la primera, La vivencia como tal se inscribe como recuerdo y se pierde como percepción
Freud pasa del trauma al fantasma al generalizar este mecanismo quedando las circunstancias del incidente y su relación con la realidad bajo las coordenadas simbólicas. No toma al trauma en tanto que realidad sino que introduce lo Real del encuentro más allá de lo anecdótico.
En 1924  (Neurosis y Psicosis) Freud afirma que lo Real no es lo que es encontrado sino lo re encontrado. Eso ya lo define como imposible ya que para él el objeto histórico, el objeto de deseo es por esencia perdido
El caso Emma permite ver claramente que el encuentro con lo real del goce sexual es contingente, azaroso. El trauma no está causado, en este caso, por el acto sucedido en sí, sino por la ausencia de un saber capaz de metabolizarlo. El primer encuentro de Emma (tyche) es con un real que supone la irrupción de un goce sexual, en ausencia de un saber sobre el sexo. El segundo encuentro es ya repetición (automaton) y se produce bajo la forma de un fantasma que organiza la escena para el sujeto, fantasma que ya es respuesta, es un modo de tratamiento del trauma. Eso le hace ver la realidad por la ventana de ese fantasma.
Real tendría que ver entonces con lo que queda en los intersticios del entramado significante de un sujeto, es ese agujero en el que para cada uno de nosotros leer se hace imposible Aquello que indefectiblemente se nos opaca
Si lo Real dijimos antes “es lo imposible de soportar” el fantasma es entonces una ventana sobre lo real. El fantasma es una pantalla que, a la vez, muestra y oculta ese encuentro. Por eso no habría  análisis que no comprometa  al fantasma, que no proponga otro modo de encuentro con lo real, con la invención más particular del sujeto (vuelvo a rodear la cuestión del sinthome, del modo en el que el sujeto se confronta a la pulsión. )
Esto me llevo a pensar  que en todo análisis hay algo que no queda dicho, que queda como plus no tramitable en discurso
El fantasma con mayor o menor padecimiento trata de volver a acomodar eso en la estructura  .Se trata de aquello que no admite lecturas
Un análisis nos lleva a estar advertido de esa posible presencia que nos mantendría a distancia de la ilusión de llegar a  saberlo todo
Tomado la cita del Sem XI “El análisis mas que ninguna otra praxis está orientado hacia lo que en la experiencia es el hueso de lo real”
No sin-lo-simbólico, pero se trata de un simbólico que ya no opera por el sentido. Por el sentido lo único que se logra es la infinitización del saber y de la transferencia  Habremos acumulado un gran saber y sin embargo no habremos logrado nada. Será necesario hacer-algo, para ir un poco más allá.
 El acceso al saber no se hace sin un cambio en la posición del sujeto, lo que exige un trabajo psíquico, requiere un duelo.
Trauma a la espera de ser elaborado nos remite a duelo lo que lleva a un cambio en la posición subjetiva del analizante. Vacilación del fantasma? .si dijimos que  el fantasma es una pantalla que, a la vez, muestra y oculta ese encuentro, no habría  análisis que no comprometa  al fantasma, que no proponga otro modo de encuentro con lo Real
Lo Real como lo Imposible de soportar, nos lleva a trauma, duelo, y fantasma
Cuanto más avanza Lacan en sus elaboraciones en torno a lo Real, más se va encontrando con la dimensión lógica de su imposibilidad, a punto de llevarnos a concluir que cualquier pregunta sobre lo real o cualquier intento de definirlo, bajo el punto de vista de la estructura significante, nos dejaría permanentemente en los impasses con lo imposible. ¿Y cómo podría una praxis, con un sesgo práctico para sentirse mejor, estar  orientada por un real imposible? ¿Cómo hacer coincidir el sentirse mejor, o lo más estrictamente singular, con lo imposible? 
Los impasses con lo singular y el real imposible, que alude al objeto ɑ, son reconfigurados por Lacan, con la elaboración de la función lógica del fantasma, una vía para tratar de nombrar la problemática conexión entre lo simbólico y lo real, entre significante  y  goce. 
A través de una ficción, un sentido inventado por el sujeto, resumido muchas veces, en una sola frase,  cuyo fin es dar una respuesta, una consistencia al puro vacío, el fantasma operaría al mismo tiempo, como ubicando y produciendo goce, dicho de otra manera, como una lógica capaz de sostener la creencia en el goce del Otro. Entonces, podemos decir que la construcción fantasmática permite al sujeto un acceso, una ventana hacia lo Real, pero, una ventana enmarcada por el Otro.
Atravesar el fantasma en un análisis, como solíamos decir,  o producir una "fractura" en esa construcción fundamental para ser más exactos, sería entonces, un intento por   reducir al máximo el sentido, vaciarlo de la producción de goce y, así, aproximarse todavía más a lo real, confirmando esa orientación . Sin embargo, es innegable que la dimensión lógica de imposibilidad de ese real alcanzado con la construcción y la travesía del fantasma persiste, En  ese punto de conducción de un análisis, ¿cómo seguir sosteniendo una orientación por lo real que, al mismo tiempo, pueda ir más allá de ese imposible?

¿Qué sería un psicoanálisis orientado hacia lo real? Casi una obviedad sería decir que sería un psicoanálisis que elige no orientarse ante todo en lo simbólico. Se trata de ir más allá de la función del Otro del Otro, de la garantía del Otro, una práctica que trata de orientarse estrictamente en los resultados obtenidos en la práctica del análisis mismo
Cómo puede un Sujeto aprehender entonces este Real que lo constituye?
En la Lógica del fantasma de 1967  el Sujeto, dividido por el acto que lo constituye, lo aprehende por la Verleugnung del acto En la constitución del fantasma el sujeto aloja su ser de goce ante su falta. Esta es la operación de separación y mediante la misma el sujeto completa y obtura la castración del Otro. Si en un primer momento de la separación, frente a la falta del Otro el sujeto responde con su propia falta, en un segundo momento que forma parte de la misma operación de separación, el sujeto aloja en el recubrimiento de ambas faltas su ser de goce. Este movimiento que va de la negativización a la positivización Lacan lo denomina Verleugnung de la castración. De este modo, el fantasma incorpora la posición perversa de la estructura del neurótico, puesto que implica el reconocimiento y el rechazo de la falta del Otro a la vez. Y la Verleugnung indica el modo particular en que el neurótico obtura,  repudia la castración del Otro con su ser de goce en el fantasma
Entrar en la cuestión de la Verleugnung da para otro trabajo, solo quiero dejar nombrada esta cuestión de cómo el fantasma opera
Cuando el Sujeto del Inc. dice “yo” solo puede hacerlo estando dividido. No es Sujeto en el Inc., imaginado como reservorio de pulsiones, es en la pulsación, en que algo insabido se abre y se cierra que algo es aprehendido por la conciencia
El sujeto al no ser sustancial es ese “el” impersonal que habla el yo cuando quiere designarse como inconsciente
Para finalizar quisiera dejar planteada una cuestión:
podriamos afirmar que en Lacan estamos  frente a dos concepciones de Real o mejor dicho a dos posibles  lecturas  de lo Real?

de un lado, estaría un Real imposible, universal y negativo que pasa por casi toda la enseñanza que hace pensar en una clínica que tiene ese Real como horizonte ,ya que se verifica, incluso, en el final de los análisis, un impasse frente a un punto de goce irreductible, imposible de negativizar.
del otro, un Real contingente, singular y positivo, tributario de una lectura  a partir de Joyce. Un Real sintomáticamente inventado podríamos decir?  Y a Joyce como un escrito sinthomático, jugando con el termino sinthome capaz de agujerear lo real y, por lo tanto, afectar más el cuerpo que las palabras  Lalengua habla con el cuerpo . Es ahí lo que puede haber de más singular, de más propio a un sujeto. Lacan, no sin el testimonio de Joyce, toca un nuevo Real, un "real que es sin ley" .parafraseando un trabajo que leí sobre “¿qué es ser lacaniano hoy?” Donde esta es la función del sinthome,  la relación entre el sinthome y la represión primaria.
Del lado del sinthome entonces la letra,  que articula al síntoma pero que a diferencia del síntoma es irreductible al saber. Como letra escribe lo Real, articula al saber y da lugar al artificio, lo que aparece al final del análisis como  un imposible nuevo, más allá de la ley de repetición significante, más allá de la lógica del fantasma. La relación del sujeto con el corte y el vacío  fuera de sentido

estas dos lecturas serian convergente o divergentes?
las consecuencias serian modos diferentes de dirigir un analisis?
                                             
                                                                       Lic Patricia N. Werfel
                                                                       pwerfel@yahoo.com








sábado, 25 de junio de 2016


Grupo de los sábados. Lo real en la clínica psicoanalítica.
Ana Staw.
Mayo 2016

¿Cómo articular lo real en los modos de intervención del analista?

¿Qué estatuto cobraría la Construcción como modalidad de intervención en la clínica?

Me basaré en un par de trabajos escritos por mí para la Revista de la Sociedad Porteña de Psicoanálisis, N°9 y 12, que a partir de su relectura les daré algunas otras vueltas, algunas que incluso interrogan lo planteado por mí en los mismos.

Al trabajar específicamente el concepto de construcción en el artículo homónimo,  Freud dice que “la tarea del analista es hacer surgir lo que ha sido olvidado por el paciente, a partir de las huellas que ha dejado tras sí, o más correctamente, construirlo; siendo la transmisión de sus construcciones el nexo entre las dos partes del trabajo analítico, entre su propia parte y la del paciente”.[1] Compara la tarea del analista con la del arqueólogo, ambas basadas en el trabajo sobre fragmentos, siendo preliminar la labor del analista, al dar lugar al trabajo analítico; mientras que la tarea del arqueólogo es un punto de llegada. Diferencia construcción de interpretación, ubicando a esta última ligada a “alguna cosa que uno hace con algún elemento sencillo  del material, como una asociación o una parapraxia”, los que Lacan denominará equívocos significantes, y privilegia para la  construcción la recuperación de un fragmento olvidado, o que nunca fue olvidado por no alcanzar siquiera el estatuto de una representación.

La construcción y la interpretación forman parte del trabajo que incumbe al analista, en su posición de intérprete. Interpretar, remite al trabajo de esclarecimiento del deseo inconsciente a partir de las leyes que rigen los procesos primario y secundario del funcionamiento psíquico. Tal desciframiento descansa sobre el análisis de los mecanismos propios del desplazamiento y la condensación. La construcción tiene por fin reencontrar ese “fragmento de verdad” que pertenece a la historia del conflicto pulsional, el mismo fundamento de la estructura psíquica.

La modalidad en que la construcción es transmitida por el analista en  los ejemplos propuestos por Freud, da cuenta de una estructura narrativa y conjetural, a ser confirmada a posteriori  por  el paciente de modo indirecto. Por ejemplo, si se producen nuevos recuerdos que completen o amplíen la construcción. Otros modos de confirmación mencionados por Freud son la asociación del paciente con otros temas, la afirmación de no haber pensado nunca en eso, o la reacción terapéutica negativa.

La construcción enlaza al aparente no sentido de un enunciado la puesta en escena a la cual pertenece y que el velo de la amnesia había recubierto, para constituir una ficción que ubica una porción del pasado olvidado. El origen es mítico, y como tal, ficcional. El concepto de construcción propuesto por Freud en 1937 posee esta modalidad.

Si bien Lacan no abordó específicamente el concepto de construcciones desde la perspectiva freudiana, en referencia a las construcciones trabajadas en el artículo homónimo, y sí lo hizo en relación con la construcción fantasmática, es interesante localizar ciertas elaboraciones que podrían aproximarse a las mismas desde la perspectiva del mito.

En la clase del 27/3/57, Lacan propone “el carácter de ficción que el mito tiene…mantiene una singular relación con algo que siempre se encuentra detrás implicado…se trata de la verdad…la verdad tiene por así decirlo, estructura de ficción.”[2]

Varios años después, en la clase del 11/3/70 del Seminario “el Envés del Psicoanálisis”, haciendo referencia al discurso psicoanalítico señala: “Lo que constatamos de lo que adviene del saber en el lugar de la verdad... es el mito... La verdad sólo se soporta en un semidecir... Abreviando, el semidecir es la ley misma interna, de toda especie de enunciación de la verdad y lo que mejor lo encarna es el mito.”.   En Televisión, Lacan avanza más, diciendo:

“Aún si los recursos de la supresión familiar no fueran verdaderos habría que inventarlos y de ello no nos privamos (haciendo referencia al analista).Eso es el mito, la tentativa de dar forma épica a lo que se obra de la estructura”.[3]

Freud se interroga en su artículo sobre  los modos en que se convalidará la veracidad de la construcción, nos dice:” El camino que empieza en la construcción del analista debería acabar en los recuerdos del paciente, pero no  siempre llega tan lejos…en lugar de ello, si el análisis es llevado correctamente, producimos en él  una firme convicción de la verdad de la construcción que logra el mismo resultado terapéutico que un recuerdo vuelto a evocar”. La convicción de la verdad de la construcción es equivalente al recuerdo. Para llegar a ello se requerirá de la confirmación  por parte del paciente. La construcción es incompleta, esta incompletud deviene del lugar que Freud le asigna a la construcción como labor preliminar. Los modos de convalidación son indirectos y son habilitados por el lugar que le da la transferencia. A ello se refiere cuando nos dice: “Es verdad que no aceptamos el no de una persona en tratamiento por su valor aparente, pero tampoco damos paso libre a su ...” Despliega estas modalidades afirmando que las construcciones son incompletas y cubren solamente pequeños fragmentos de los sucesos olvidados, otorgando el mayor interés a formas indirectas de confirmación, ya sea al decir del paciente “yo no pensé nunca en esto” o a las asociaciones que surgirán conteniendo algo similar o análogo al contenido de la construcción.  Es interesante la referencia que hace a los recuerdos “ultraclaros” y la relación con lo “visto u oído”. En su afirmación acerca de que la verdad de la construcción logra el mismo resultado terapéutico que un recuerdo vuelto a evocar, podemos inferir que la misma será, como toda verdad, a medias.

Dice Ravant: La justificación de la construcción analítica es su capacidad no para descubrir una verdad primera oculta tras las deformaciones históricas, sino para integrar estas mismas deformaciones en un espacio en el que constituyan la verdad traumática y la verdad como trauma, Para Freud, la verdad es el trauma. Plantea la construcción como un desafío a lo real. Homologa con el asesinato del padre diciendo que la dificultad estriba no en la ejecución del acto sino en la eliminación de sus huellas.

(Lo traumático es la relación sexual que no hay, la castración?)

Podríamos pensar las construcciones como un modo de intentar abordar lo real, lo no asimilable por las representaciones e imposible de ligar. La construcción, como la verdad, no dice todo,  tiene estructura de ficción.

El modelo de construcción propuesto en 1937 establecería  una  modalidad lógicamente anterior y posibilitadora de la construcción del fantasma planteada en el artículo de 1919. El lugar  que Freud le otorga a las construcciones al final de su obra es una labor preliminar que posibilitará el armado de la frase y la escena, que da cuenta del modo particular de goce del sujeto en el fantasma. (Aquí surge la duda si es cuestión de engordar el fantasma, construirlo para atravesarlo o esto impide o dificulta la línea de la separación y del síntoma).

Claude Ravant escribe: “la construcción es una especie de moneda de la transferencia, al servicio no de una imagen a reconstruir sino de una significación a inventar”.[4] Trabaja el artículo de Freud  “Construcciones en Psicoanálisis”  señalando que la construcción aleja la búsqueda del sentido para apuntar a un trabajo de significación, donde, a partir del indicio de las repeticiones, el analista no adivina, construye. Invención que  excluye la subjetividad del analista y responde a cierta inferencia lógica. Es posible pensar el término “inventar” en este contexto desde una de las acepciones que le otorga la Real Academia Española: “Hallar o descubrir algo nuevo o no conocido”. 

El modelo de construcciones planteado en el artículo freudiano del 37 se vuelve particularmente necesario en aquellos pacientes en los que la constitución fantasmática se ha detenido o ha fracasado en su armado. (o en los casos que hablamos de traumas como una bomba que estalla, abusos sexuales, maltrato infantil)  El analista tendrá que estar advertido de que se maneja con ficciones que operan en transferencia en todos los casos, y que este modelo propuesto por Freud hace hincapié en su lugar de labor preliminar.

La teoría analítica recurre a la construcción del mito y del fantasma para decir  metafóricamente de ese real imposible.Se construye en torno a lo faltante. En la  construcción, el analista aporta significantes que permitirán cernir el trauma (modelo de construcción “narrativa”),  para a posteriori ubicar una posición de goce (construcción del fantasma???).

Las construcciones designan una modalidad de la labor analítica para el tratamiento de lo traumático inasimilable. Será la construcción de la frase gramatical un modo privilegiado para develar cómo el analizante responde con su goce a aquello traumático, la falta en el Otro (esto también es traumático). Relación a un imposible de decir que necesita ser nombrado, para que en ese lugar un sujeto advenga.

En 1937, Freud escribe "Análisis terminable e interminable" y  "Construcciones en el análisis". En la articulación de ambos textos, se pone de manifiesto la reconsideración del estatuto de la construcción a la luz de los problemas de lo terminable o interminable del análisis. Este momento de la obra freudiana, anuda la producción teórica vinculada al simbolismo y al desciframiento, con la preocupación por la dinámica transferencial  y las preguntas en torno a lo reprimido primordial y a su implicancia  en cuanto al fin de un análisis.

En “Análisis terminable e interminable” plantea como un “objetivo ambicioso” del final de un análisis, llenar las lagunas de la memoria, y ese sería precisamente el propósito de las construcciones. Aquí una primera interrogación: ¿la tarea preliminar incluye en si misma el “objetivo” del final?

Vayamos al texto: Freud señala que “un análisis ha terminado cuando paciente y psicoanalista ya no se encuentran en la sesión de trabajo analítico y se han cumplido dos condiciones: que el paciente no padezca a causa de  sus síntomas y haya superado sus angustias así como sus inhibiciones y que el analista juzgue haber hecho consciente en el enfermo tanto de lo reprimido, esclarecido tanto de lo incomprensible, eliminado tanto de la resistencia interior, que ya no quepa temer que se repitan los procesos patológicos en cuestión ……El otro significado de término de un análisis es más ambicioso…La pregunta es si mediante el análisis se podría alcanzar un nivel de normalidad absoluta…estable,…por ejemplo, si se hubiera logrado resolver las represiones  sobrevenidas y llenar todas las lagunas del recuerdo.”[5]

Para el objetivo de llenar las lagunas de la memoria Freud propone la herramienta de la construcción. Plantea en tiempo condicional una normalidad estable y sin lagunas, poniendo en duda la posibilidad última de dicha tarea. En los primeros tiempos de su obra, Freud intenta encontrar la causa última del síntoma en referencia a una escena primitiva efectivamente vivida y a la cual da el estatuto de verdad histórica. Con la teorización de la realidad psíquica y la conceptualización de lo traumático despegado de un suceso acontecido, y  sí ligado a fantasías, Freud  plantea en “Construcciones en psicoanálisis”, que aunque no se recupere algún recuerdo, es decir, aunque no pueda encontrarse un referente en alguna vivencia susceptible de recordarse, la construcción puede operar con la misma eficacia y tener el mismo efecto de verdad que si se tratara de algo realmente recordado[6]. Freud no es concluyente y deja esta vía abierta a la investigación. Deja de buscar la referencia a algún hecho acaecido, para apoyarse en la estructura de ficción que la construcción supone. El efecto de verdad queda articulado a la verificación que suponen las nuevas asociaciones y las consecuencias de la intervención del analista en el goce del síntoma. Freud plantea tres factores  en juego en el tratamiento psicoanalítico: la influencia de los traumas, la intensidad constitucional de las pulsiones y las alteraciones del yo. Respecto de la intensidad de las pulsiones, plantea que si el conflicto pulsional no es actual o no se exterioriza, es imposible influir sobre él mediante el análisis. Afirma que esta tarea, además de imposible tampoco es deseable.[7]

Para pensar la "intensidad constitucional de las pulsiones" podemos establecer un puente con los desarrollos lacanianos. Por un lado,  lo constitucional que el Otro trasmite, incluye su barradura,  que determina un resto irrecuperable para la memoria, que hace necesaria  la construcción.  La intensidad pulsional no es ajena a la trasmisión de una falta en el campo del Otro. En la fórmula de la pulsión está escrita del lado del sujeto por su barradura y del lado del Otro por la Demanda, que supone allí la presencia del deseo. Es necesaria la inscripción de esa barradura para la constitución de un sujeto y el posterior armado del fantasma ($<>a) como respuesta ante el deseo  del Otro.

Freud continúa en su artículo: “El analizado mismo no puede colocar todos sus conflictos dentro de la transferencia, y tampoco el analista puede, desde la situación transferencial, despertar todos los conflictos pulsionales posibles del paciente….uno le cuenta al paciente sobre las posibilidades de otros conflictos pulsionales y despierta expectativas en él. Uno espera que tal comunicación tendrá por resultado activar en el paciente uno de estos conflictos... Pero el resultado que se esperaba no comparece……Uno ha aumentado el saber del paciente sin alterar nada más en él.”[8]. En la traducción de López Ballesteros dice conocimiento en lugar de saber.

Lacan nos dirá: “Entonces, ¿qué quiere decir conocer? Conocer su síntoma quiere decir saber hacer con, saber desembrollarlo, manipularlo. Lo que el hombre sabe hacer con su imagen, corresponde por algún lado a esto, y permite imaginar la manera en la cual se desenvuelve con el síntoma...Saber hacer allí con su síntoma, ése es el fin del análisis”[9]

Podemos pensar que aquí  diferencia dar sentido de lo que dirá en relación a las construcciones. En ellas podemos  considerar que apuntan a lo reprimido originario, que plantea como necesario construir para poder devolver al analizante una palabra por él desconocida, de lo que se trata es que esa enunciación no siempre ha sido ni es necesario que haya sido realmente pronunciada. Prestando en la transferencia un espacio donde las marcas del goce  del sujeto formen ideas sobre su lugar como objeto del Otro, ideas que llegan de ese objeto y forman frases.  Retórica significante, y gramática pulsional, modalidades de construcción diferentes (planteadas en el artículo anteriormente mencionado.[10])

Las construcciones psicoanalíticas pueden ser tomadas como una ficción verdadera.

El criterio de este bien decir, frente a lo real, es en definitiva advertir lo que eso satisface.

Un psicoanálisis es una experiencia que parte de una ficción soportada en el Sujeto supuesto Saber. Pero al mismo tiempo, es una experiencia que consiste en deshacer esta ficción.  El psicoanálisis no es el triunfo de lo ficcional: la ficción es allí más bien puesta a prueba en relación con su impotencia para resolver la imposibilidad de lo real.

Lacan en el seminario El revés del psicoanálisis plantea el esquema de los cuatro discursos como una estructura necesaria de algo que va más allá de la palabra. Se trata de un cierto número de relaciones estables en cuyo interior puede inscribirse algo más amplio de lo que hay en las enunciaciones efectivas. La verdad es un lugar, al que irán diferentes “operadores”, según el discurso del que se trate. En los discursos no se garantiza la verdad, sino un lugar para ella.

Ya en el seminario  Sobre los escritos técnicos de Freud, Lacan hace referencia al texto “Análisis terminable e interminable” como uno de los más importantes en lo que a técnica se refiere. Plantea  como fundamento del análisis la reintegración por parte del sujeto de su historia hasta sus últimos límites sensibles, pero considerando la historia como el pasado historizado en el presente.  Y lo articula con el escrito Construcciones: “Que el sujeto reviva, rememore los acontecimientos formadores de su existencia no es en sí  tan importante. Lo que cuenta es lo que reconstruye de ellos”[11]      

Educar, gobernar y analizar son planteadas por Freud como tareas imposibles.  La  idea de estas tareas como imposibles también podrían  favorecer la argumentación de infinitud o interminabilidad de las mismas: siempre se puede seguir analizando, educando y gobernando. Pero precisamente, la inscripción de la imposibilidad pone un límite que quizás termina ubicándolas como finitas.

Freud diferencia la construcción de los otros modos de intervención luego de haber pensado el análisis terminable, ¿no otorga a esta modalidad un estatuto, que si bien es “preliminar” se liga al final como un límite?

Freud afirma que “Todo analista debería periódicamente -a intervalos de unos cinco años- someterse a un nuevo análisis sin sentirse avergonzado de dar este paso. Esto significaría entonces que no sólo el análisis terapéutico de los pacientes, sino su propio psicoanálisis, se transformarían desde una tarea terminable en una tarea interminable.”[12]  Previene contra un malentendido: no quiere decir que el análisis sea algo que nunca termina. El fin de un análisis es una cuestión práctica.  Nuestra aspiración no será borrar toda peculiaridad del carácter individual en favor de una «normalidad» esquemática ni exigir que la persona que ha sido «psicoanalizada por completo» no sienta pasiones ni presente conflictos internos.

Freud introduce el problema de la castración a partir de la diferencia de los sexos.

En  términos freudianos lo que debe revelarse al final del análisis es la significación de la castración. Lacan aborda  la subjetivación de la castración. Y más tarde, será la subjetivación de la relación sexual en tanto que no existe.

Los dos temas, que se corresponden, son: en la mujer, la envidia del pene  y en el varón, la lucha contra su actitud pasiva o femenina frente a otro varón. Lo que era común a los dos temas fue aislado en una temprana época de la nomenclatura del psicoanálisis como una actitud hacia el complejo de castración. “A menudo uno tiene  la impresión de haber atravesado  todo el estrato psicológico y llegado, con el deseo del pene y la protesta masculina a la roca de base, y de este modo, al término de su actividad. Y así tiene que ser, pues  para lo psíquico, lo biológico desempeña realmente el papel  del basamento  rocoso subyacente…Sería difícil decir si en una cura analítica hemos logrado dominar este factor…. Nos consolarnos con la seguridad de haber ofrecido al analizado toda la incitación posible para reexaminar y variar su actitud frente a él. “[13]

Lacan nos dirá que a lo que Freud se refiere con la metáfora de la castración o la envidia del pene no es otra cosa que a la falta. Y si Freud marcó el carácter infinito de ciertos análisis es que no vio que la solución del problema de la castración no está alrededor del dilema de tenerlo o no, porque esto no es sino cuando el sujeto se da cuenta de que no lo es[14].

En la  experiencia analítica el sujeto  se enfrentará a cada momento a un desgarro inevitable: el encuentro con su propia castración. Pero es a partir de allí que construye y constituye una nueva y genuina forma de saber y un que-hacer distinto que alcanza al goce que el síntoma conlleva.

Lacan introducirá el concepto  de sinthome en relación al fin de análisis. La concepción del fin de análisis lacaniano atravesó los recorridos teóricos de la construcción y la travesía del fantasma -donde  se resignifica la relación con el goce- hasta un saber qué hacer con el síntoma y la función de lo que denominó el sinthome.

El análisis apuesta a articular algo de la carencia estructural.

Construcción del fantasma, posición de goce del sujeto. ¿Es posible pensar un fin de análisis sin haber transitado por esta vía? Condición necesaria. ¿Pero suficiente? ¿Qué seria pensar en la línea del acto o del sinthome si éste no está abrochado a la travesía del fantasma?

Podemos pensar que el fin de un análisis es algo que se construye desde el  principio.   Consideraremos  fin, no sólo como conclusión, sino también como finalidad, presente desde el inicio de un tratamiento y que incluye en sí mismo la posición desde donde uno se ubica como analista.

A partir del despliegue de estos conceptos y diferentes lecturas de posiciones diferentes me han surgido las siguientes preguntas que  hacen foco en la dirección de la cura:

Lo real repite, lo que no cesa de no escribirse, se restó al significante. Lo sintomático, lo que no cesa de escribirse se restó al significado. ¿Todo lo que se repite como real es separador?, ¿eso real descoloniza al sujeto del deseo del otro? ¿Eso traumático sería algo forcluido pero no en la línea del Nombre del padre?

No se puede olvidar lo que no se pudo inscribir.

Si los tres registros se anudan, ¿podemos hablar de lo real por sí solo?

Considerando al fantasma como aquello que aliena al sujeto al Otro hay quienes postulan  con un recorrido minucioso el lugar del síntoma como relacionado a la separación, ¿es posible pensar que en el síntoma no haya una “pata” del fantasma?                                                                                               




[1] Freud, S.; Construcciones en psicoanálisis. en OC, Amorrortu Ed, Buenos Aires, 1980, T.XXIII.
[2] Lacan, J: La relación de objeto, Seminario IV, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1994, Cáp. XV, Pág. 253.

[3] Lacan, J:Televisión, El desvarío de nuestro goce, Ed. Anagrama, Barcelona, 1977, Cáp. V. Pág. 116.
[4] Rabant, Claude: Inventar lo real, Ed Nueva Visión, Bs. As, 1993,Pág. 59
[5] Freud, Sigmund: “Análisis terminable e interminable”.En OC. Ed. Amorrortu, Buenos Aires 1990. Tomo XXIII.
[6] “El camino que parte de la construcción del analista debía culminar en el recuerdo del analizado, ahora bien, no siempre lleva tan lejos. Con mucha frecuencia no conseguimos que el paciente recuerde lo que ha sido reprimido…. En lugar de ello, si el análisis ha sido ejecutado de manera correcta, uno alcanza en él una  convicción cierta sobre  la verdad de la construcción, que en lo terapéutico rinde lo mismo que un recuerdo recuperado. Bajo qué condiciones acontece  esto, y cómo es posible que un sustituto al parecer no integral produzca, no obstante, todo el efecto, he ahí materia de una investigación posterior
Freud, Sigmund: “Construcciones en el análisis”. En OC. Ed. Amorrortu, Buenos Aires 1990. Tomo XXIII.


[7] “No, queremos significar otra cosa, que en términos aproximados se puede designar como el “domeñamiento” de la pulsión. Esto quiere  decir que la pulsión es admitida en s u totalidad dentro de la armonía del yo, es asequible a toda clase de influjos por las otras aspiraciones  que hay en el interior del yo y ya no  sigue más su camino propio hacia la satisfacción….” Freud Sigmund: “Análisis terminable e interminable”.Op cit.

[8] Freud, Sigmund. “Análisis terminable e interminable”.Op cit.
[9] Lacan, Jacques: L’insu Que Sait De L’une–Bévue”.Capitulo 1. Inédito
[10] Staw, Ana: “Construcciones” en Revista “La Porteña” Nº  9. Ediciones iRojo, Buenos Aires 2007, Pág. 65

[11] Lacan, Jacques: “Los escritos Técnicos de Freud”. Editorial Paidós. Buenos Aires 1981.Capítulo 1. Punto 3
[12] Freud, Sigmund. “Análisis terminable e interminable”.Op cit.
[13] Freud, Sigmund: “Análisis terminable e interminable”. Op Cit.

[14] Lacan, Jacques. Seminario XIII. Clase 4. Inédito.