Tal vez por esas cosas de lo inconsciente la propuesta de Patricia y Gerardo tiene conexión con el título de mi tesis doctoral de 1985. Ecos de hace 40 años que resuenan, la titulé : “La cuestión del lenguaje, sus límites, alcances e implicancias en la práctica psicoanalítica”. Compartí con Marcelo los cursos de doctorado en aquella ocasión y hoy tengo el gusto de compartir esta mesa con él y ofrecer, ante ustedes, estas breves reflexiones.
Para comenzar me serviré de un
verso, es que la poesía tiene la virtud
de decir con énfasis en pocas palabras, cosas que en largas obras pueden pasar
desapercibidas. Hoy apelo a Holderlin, un poeta alemán que vivió entre los
siglos XVIII y XIX. Holderlin fue amigo es interlocutor de
Hegel, entre los temas de la conversaciones que mantuvieron estaban los sucesos
de la Revolución Francesa que transcurría es esos días. Las 5 palabras que
conforman ese verso fueron retomadas por Heidegger en su ensayo “Holderlin y la
esencia de la poesía”. Recordemos que fué un poeta romántico que pasó la
segunda mitad de su vida encerrado en una buhardilla a raíz de un desencuentro
amoroso. No salió de allí por 35 años. Dice la estrofa que hoy comparto: “Desde
que somos un diálogo”, frase que conecta con lo que Marisa y Virginia trajeron
en la última reunión.
Raúl Sciarreta al que, seguramente muchos de los presentes han conocido, fue un maestro al que hoy quiero recordar y evocar. Él, en su manera de articular la filosofía al psicoanálisis, aplicó entre otros recursos, la lógica modal. Propongo modalizar esa estrofa: Desde que somos un diálogo. El desde sitúa un originario no precisado. ¿Desde cuándo somos un diálogo? Sabemos de la importancia de las 3 generaciones en la gestación de una psicosis, 3 generaciones que participan en ese diálogo. Sabemos también de la importancia de los pactos que preceden a la gestación y advenimiento del sujeto y que, configuran una larguísima novela familiar a la que cada sujeto adviene. Muchas veces se pueden rastrear 5 generaciones precedentes y a partir de esos rastros vemos como se teje la trama, como se gesta la estofa que nos rellena y nos conforma. Si la cosa ha avanzado sin demasiados tropiezos, podemos en el trabajo del análisis, tener una idea acerca del diálogo que nos habita y habitamos al mismo tiempo que nos constituye. En el psicoanálisis cada sujeto es singular, las posibilidades de los diálogos precedentes y las historias a las que refieren suponen infinitas variantes y posibilidades. Conocer esas configuraciones abre a la posibilidad de enunciarlas de otro modo. En esos diálogos está lo semidicho, lo bien dicho, lo mal dicho (maldito), lo oculto, la traición, el embuste, el engaño, lo no dicho anudados (RSI). Algún abuso, alguna guerra, migraciones, algún integrante de la cadena generacional omitido por errancia u otras cuestiones conformando una especie de Aleph. Que seamos un diálogo implica que somos hablados y hablantes, habitados y habitantes del lenguaje. Suma de malentendidos, restos de eso que Freud llamó “allí donde eso era”. Futuro anterior presente en el decir de los síntomas, las inhibiciones y las angustias.
El psicoanálisis es una disciplina, un artificio, un artilugio. En “Pueden los legos” Freud dice que el psicoanálisis consiste en 2 personas que se hablan. ¿De qué modo hablan esos interlocutores? Haciendo de esa práctica una plática. Recordemos que se trata de una teoría del psiquismo, un método de investigación y, finalmente cuando está bien conducido, de una cura. “Lo menos malo que tenemos” señaló Lacan.
Llegué a Lacan a partir de los Escritos, recordemos que hace 50 años teníamos esos textos, el Seminario 11 y algunos otros, muchos de los cuales no eran fidedignos. Es curioso que desde hace muchos años los Escritos sean poco citados, tal vez como anunció su autor se hayan convertido en libros escritos para no ser leídos. Son parte no menor de la enseñanza de Lacan, donde se condensan 30 años de trabajo, tienen poca vida discursiva entre nosotros a mi entender. Con el tiempo fueron opacados, para decirlo de un modo suave, por los Seminarios establecidos por su célebre hijo político.
Retomo hoy “Posición del inconsciente” a través de algunos párrafos relacionados con lo que quiero decir. Recordemos que este texto incluido en los Escritos fue reformulado por Lacan en 1964 para ser incluido en el testimonio escrito del Coloquio de Bonneval convocado por Henry Ey en 1960. Acá van las citas que intentan no abrumar sino refrescar algo conocido y, algunas veces olvidado.
“El inconsciente ES (subrayado en el original) un concepto forjado sobre el rastro de lo que opera para constituir a un sujeto”. Concepto forjado sobre un rastro que opera, con pocas palabras dice mucho. No todo claro. Otra cita: “Los psicoanalistas forman parte del concepto de inconsciente, puesto que constituyen aquello a lo que este se dirige”. Reformulo y sitúo: los psicoanalistas formamos parte del concepto de inconsciente, puesto que constituimos aquello a lo que este se dirige. Nombré dos fenómenos donde esto se verifica: las formaciones del inconsciente con su característica fugacidad de apertura y cierre y la transferencia como puesta en acto de la realidad de lo inconsciente. Ahí nomas prosigue Lacan: “El efecto del lenguaje es la causa introducida en el sujeto. Gracias a ese efecto no es causa de sí mismo”. Empecé retomando “desde que somos un diálogo” modo de decir que no hay sujeto sin relación al Otro. Las operaciones fundantes del sujeto en relación al Otro son alienación y separación donde se juegan la castración y la emergencia-parto-nacimiento.”Nada en la vida de ninguno desencadena más encarnizamiento para lograrlo” se espera que, como consecuencia del derrotero analítico algo de esto se produzca. Recordemos que en la táctica y estrategia, términos de uso militar, nuestras posibilidades son más amplias hay campo de acción y modos de abordar. En cambio en la política del psicoanálisis los márgenes son estrechísimos por eso los traigo y subrayo en los límites y alcances.
Decíamos alienación y separación, operaciones conjuntas, sus efecto es que algo cae. Algo se pierde y ese resto caído y perdido es el objeto a, objeto causa. Hace unos días recibí en consulta a un hombre de 76 años, luego de presentarse en la primera entrevista dice: “Hace 11 días que enterré a mi mujer”. No era que se había desecho de ella sino que luego de 46 años de matrimonio, haber fundado una familia, haber compartido una vida en común y estar pasando uno de los mejores momentos de la pareja ella enferma. Al principio parecía una gripe común, estaban de vacaciones en la costa bonaerense, el estado de salud de la mujer se agrava, retornan a Buenos Aires. La internan y el diagnóstico es gripe A, pasa unos días en terapia intensiva y fallece. El marido llega muy angustiado a la consulta a preguntar si lo que le sucede, un duelo en carne viva, es normal. Le pregunté si alguna vez había sufrido una fractura ósea, me responde afirmativamente señalando el brazo derecho. Usando ese símil le señalé que el duelo es como una fractura y, por lo tanto, necesita tiempo para sanar y dejando huellas al modo de los callos óseos. El sujeto sigue relatando, de modo conmovedor, su cotidianidad y dice “daría todo lo que tengo para volver a escuchar su voz”. Es la primera vez en mi práctica, que en la primera entrevista, se presenta el objeto “a”. El resto de los mecanismos de causación del sujeto, lo que cae, lo que separado del objeto de amor constituye la causa del deseo. Allí concluyó esa, hasta ahora, la única entrevista. Quedé a disposición por si quería conversar nuevamente conmigo y apliqué la prudente contra-indicación freudiana referida a la cura y los duelos recientes. Intenté recorrer brevemente en esta presentación algunos de los fundamentos del psicoanálisis freudolacaniano. Ahora quiero cerrar este comentario con una reflexión sobre el fenómeno de la caída de los índices de natalidad, al menos, en los grandes centros urbanos. Propongo entenderlo como un nuevo capítulo de la “moral sexual cultural” que Freud planteó. Las obras de ayer tienen vigencia, si sabemos releerlas. En “Algunas razones para no tener hijos”, artículo aparecido en el diario La Nación el 6 de septiembre pasado, nos trae lo resultados de encuestas. El 35% de los encuestados dice que “cuesta mucho dinero criar”, agregamos que eso es cierto pero agregamos que criar cuesta mucho más que dinero. El 17% aduce “priorizo el trabajo o la carrera”, el mismo porcentaje, no sabemos si los mismos sujetos, dice que “valoro mi libertad o autonomía” y el 47% expresa que ve tener hijos “como importante pero no esencial”.
¿Será que la ecuación freudiana niño-falo perdió parte de su “eficacia”? Entiendo que no se trata de eso, creo que estamos en un paso previo a la instauración de esa ecuación. Creo que la civilización, o gran parte de los sujetos que la conforman, enfrentan de otro modo los misterios de la procreación y de la muerte. Que la natalidad haya caído un 40% en 10 años entre 2014 y 2023 tiene múltiples causas y numerosos efectos. Desde nuestra perspectiva está interviniendo de modo decisivo el narcisismo en las nuevas generaciones. No es algo nuevo pero si se manifiesta de modo diferente, decíamos que no hay Sujeto sin relación al Otro, ningún sujeto es autocausado. Ahora bien, ¿qué sucede cuando disfrazado en diversas mascaradas narcisistas se rompe la cadena generacional? Recordemos que Freud sostenía que cada individuo es un eslabón más en la cadena del plasma germinal, desde el punto de vista de la especie una vez que el individuo procreó carece de interés para la especie. Creo que por ahí anda la cuestión, pocas cosas enfrentan al sujeto a su propia finitud, su mortalidad, como la procreación. Esto es lo que se evita de diversos modos. Por eso actualmente en CABA es mayor el número de mascotas que de niños hasta 14 años. Para el 25% de los encuestados su animal de compañía es, literalmente, “como un hijo”. Hay sensibles diferencias entre ser amo de mascotas y la paternidad.
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