Grupo de los
sábados. Lo real en la clínica psicoanalítica.
Ana Staw.
Mayo 2016
¿Cómo articular lo real en los modos de
intervención del analista?
¿Qué estatuto cobraría la Construcción como
modalidad de intervención en la clínica?
Me basaré en un par de trabajos escritos por mí
para la Revista de la Sociedad Porteña de Psicoanálisis, N°9 y 12, que a partir
de su relectura les daré algunas otras vueltas, algunas que incluso interrogan
lo planteado por mí en los mismos.
Al trabajar específicamente el concepto
de construcción en el artículo homónimo,
Freud dice que “la tarea del analista es hacer surgir lo que ha sido
olvidado por el paciente, a partir de las huellas que ha dejado tras sí, o más
correctamente, construirlo; siendo la transmisión de sus construcciones el nexo
entre las dos partes del trabajo analítico, entre su propia parte y la del
paciente”.[1]
Compara la tarea del analista con la del arqueólogo, ambas basadas en el
trabajo sobre fragmentos, siendo preliminar la labor del analista, al dar lugar
al trabajo analítico; mientras que la tarea del arqueólogo es un punto de
llegada. Diferencia construcción de interpretación, ubicando a esta última
ligada a “alguna cosa que uno hace con algún elemento sencillo del material,
como una asociación o una parapraxia”, los que Lacan denominará equívocos
significantes, y privilegia para la
construcción la recuperación de un fragmento olvidado, o que nunca fue
olvidado por no alcanzar siquiera el estatuto de una representación.
La construcción y la
interpretación forman parte del trabajo que incumbe al analista, en su posición
de intérprete. Interpretar, remite al trabajo de esclarecimiento del deseo
inconsciente a partir de las leyes que rigen los procesos primario y secundario
del funcionamiento psíquico. Tal desciframiento descansa sobre el análisis de
los mecanismos propios del desplazamiento y la condensación. La construcción
tiene por fin reencontrar ese “fragmento de verdad” que pertenece a la historia del conflicto
pulsional, el mismo fundamento de la estructura psíquica.
La modalidad en que la construcción es
transmitida por el analista en los
ejemplos propuestos por Freud, da cuenta de una estructura narrativa y
conjetural, a ser confirmada a posteriori
por el paciente de modo
indirecto. Por ejemplo, si se producen nuevos recuerdos que completen o amplíen
la construcción. Otros modos de confirmación mencionados por Freud son la
asociación del paciente con otros temas, la afirmación de no haber pensado
nunca en eso, o la reacción terapéutica negativa.
La construcción enlaza al aparente no
sentido de un enunciado la puesta en escena a la cual pertenece y que el velo
de la amnesia había recubierto, para constituir una ficción que ubica una
porción del pasado olvidado. El origen es mítico, y como tal, ficcional. El
concepto de construcción propuesto por Freud en 1937 posee esta modalidad.
Si bien Lacan no
abordó específicamente el concepto de construcciones desde la perspectiva
freudiana, en referencia a las construcciones trabajadas en el artículo
homónimo, y sí lo hizo en relación con la construcción fantasmática, es
interesante localizar ciertas elaboraciones que podrían aproximarse a las
mismas desde la perspectiva del mito.
En la clase del 27/3/57, Lacan propone
“el carácter de ficción que el mito tiene…mantiene una singular relación con
algo que siempre se encuentra detrás implicado…se trata de la verdad…la verdad
tiene por así decirlo, estructura de ficción.”[2]
Varios años después, en la clase del
11/3/70 del Seminario “el Envés del Psicoanálisis”, haciendo referencia al
discurso psicoanalítico señala: “Lo que constatamos de lo que adviene del saber
en el lugar de la verdad... es el mito... La verdad sólo se soporta en un
semidecir... Abreviando, el semidecir es la ley misma interna, de toda especie
de enunciación de la verdad y lo que mejor lo encarna es el mito.”. En Televisión, Lacan avanza más, diciendo:
“Aún si los recursos de la supresión
familiar no fueran verdaderos habría que inventarlos y de ello no nos privamos
(haciendo referencia al analista).Eso es el mito, la tentativa de dar forma
épica a lo que se obra de la estructura”.[3]
Freud se interroga en su artículo
sobre los modos en que se convalidará la
veracidad de la construcción, nos dice:” El camino que empieza en la
construcción del analista debería acabar en los recuerdos del paciente, pero
no siempre llega tan lejos…en lugar de
ello, si el análisis es llevado correctamente, producimos en él una firme convicción de la verdad de la
construcción que logra el mismo resultado terapéutico que un recuerdo vuelto a
evocar”. La convicción de la verdad de la
construcción es equivalente al recuerdo. Para llegar a ello se requerirá de la
confirmación por parte del paciente. La
construcción es incompleta, esta incompletud deviene del lugar que Freud le
asigna a la construcción como labor preliminar. Los modos de convalidación son
indirectos y son habilitados por el lugar que le da la transferencia. A ello se
refiere cuando nos dice: “Es verdad que no aceptamos el no de una persona en tratamiento por su valor aparente, pero
tampoco damos paso libre a su sí...”
Despliega estas modalidades afirmando que las construcciones son incompletas y
cubren solamente pequeños fragmentos de los sucesos olvidados, otorgando el
mayor interés a formas indirectas de confirmación, ya sea al decir del paciente
“yo no pensé nunca en esto” o a las asociaciones que surgirán conteniendo algo
similar o análogo al contenido de la construcción. Es interesante la referencia que hace a los
recuerdos “ultraclaros” y la relación con lo “visto u oído”. En su afirmación
acerca de que la verdad de la construcción logra el mismo resultado terapéutico
que un recuerdo vuelto a evocar, podemos inferir que la misma será, como toda
verdad, a medias.
Dice Ravant: La justificación de la
construcción analítica es su capacidad no para descubrir una verdad primera
oculta tras las deformaciones históricas, sino para integrar estas mismas
deformaciones en un espacio en el que constituyan la verdad traumática y la
verdad como trauma, Para Freud, la verdad es el trauma. Plantea la construcción
como un desafío a lo real. Homologa con el asesinato del padre diciendo que la
dificultad estriba no en la ejecución del acto sino en la eliminación de sus
huellas.
(Lo traumático es la relación sexual
que no hay, la castración?)
Podríamos pensar las construcciones
como un modo de intentar abordar lo real, lo no asimilable por las
representaciones e imposible de ligar. La construcción, como la verdad, no dice
todo, tiene estructura de ficción.
El modelo de construcción propuesto en
1937 establecería una modalidad lógicamente anterior y
posibilitadora de la construcción del fantasma planteada en el artículo de
1919. El lugar que Freud le otorga a las
construcciones al final de su obra es una labor preliminar que posibilitará el
armado de la frase y la escena, que da cuenta del modo particular de goce del
sujeto en el fantasma. (Aquí surge la duda si es cuestión de engordar el
fantasma, construirlo para atravesarlo o esto impide o dificulta la línea de la
separación y del síntoma).
Claude Ravant escribe: “la construcción
es una especie de moneda de la transferencia, al servicio no de una imagen a
reconstruir sino de una significación a inventar”.[4]
Trabaja el artículo de Freud “Construcciones en Psicoanálisis” señalando que
la construcción aleja la búsqueda del sentido para apuntar a un trabajo de
significación, donde, a partir del indicio de las repeticiones, el analista no
adivina, construye. Invención que
excluye la subjetividad del analista y responde a cierta inferencia
lógica. Es posible pensar el término “inventar” en este contexto desde una de
las acepciones que le otorga la Real Academia Española: “Hallar o descubrir
algo nuevo o no conocido”.
El modelo de construcciones planteado
en el artículo freudiano del 37 se vuelve particularmente necesario en aquellos
pacientes en los que la constitución fantasmática se ha detenido o ha fracasado
en su armado. (o en los casos que hablamos de traumas como una bomba que
estalla, abusos sexuales, maltrato infantil)
El analista tendrá que estar advertido de que se maneja con ficciones
que operan en transferencia en todos los casos, y que este modelo propuesto por
Freud hace hincapié en su lugar de labor preliminar.
La teoría analítica recurre a la
construcción del mito y del fantasma para decir
metafóricamente de ese real imposible.Se construye en torno a lo
faltante. En la construcción, el
analista aporta significantes que permitirán cernir el trauma (modelo de
construcción “narrativa”), para a
posteriori ubicar una posición de goce (construcción del fantasma???).
Las construcciones designan una
modalidad de la labor analítica para el tratamiento de lo traumático inasimilable.
Será la construcción de la frase gramatical un modo privilegiado para develar
cómo el analizante responde con su goce a aquello traumático, la falta en el
Otro (esto también es traumático). Relación a un imposible de decir que
necesita ser nombrado, para que en ese lugar un sujeto advenga.
En 1937, Freud escribe "Análisis
terminable e interminable" y
"Construcciones en el análisis". En la articulación de
ambos textos, se pone de manifiesto la reconsideración del estatuto de la
construcción a la luz de los problemas de lo terminable o interminable del
análisis. Este momento de la obra freudiana, anuda la producción teórica
vinculada al simbolismo y al desciframiento, con la preocupación por la
dinámica transferencial y las preguntas
en torno a lo reprimido primordial y a su implicancia en cuanto al fin de un análisis.
En “Análisis terminable e interminable” plantea como un
“objetivo ambicioso” del final de un análisis, llenar las lagunas de la
memoria, y ese sería precisamente el propósito de las construcciones. Aquí una primera interrogación: ¿la
tarea preliminar incluye en si misma el “objetivo” del final?
Vayamos al texto: Freud señala
que “un análisis ha terminado cuando paciente y psicoanalista ya no se
encuentran en la sesión de trabajo analítico y se han cumplido dos condiciones:
que el paciente no padezca a causa de
sus síntomas y haya superado sus angustias así como sus inhibiciones y
que el analista juzgue haber hecho consciente en el enfermo tanto de lo
reprimido, esclarecido tanto de lo incomprensible, eliminado tanto de la
resistencia interior, que ya no quepa temer que se repitan los procesos
patológicos en cuestión ……El otro significado de término de un análisis es más
ambicioso…La pregunta es si mediante el análisis se podría alcanzar un nivel de
normalidad absoluta…estable,…por ejemplo, si se hubiera logrado resolver las
represiones sobrevenidas y llenar todas
las lagunas del recuerdo.”[5]
Para el objetivo de llenar las lagunas de la
memoria Freud propone la herramienta de la construcción. Plantea en tiempo condicional una normalidad estable y sin
lagunas, poniendo en duda la posibilidad última de dicha tarea. En los primeros
tiempos de su obra, Freud intenta encontrar la causa última del síntoma en
referencia a una escena primitiva efectivamente vivida y a la cual da el
estatuto de verdad histórica. Con la teorización de la realidad psíquica y la
conceptualización de lo traumático despegado de un suceso acontecido, y sí ligado a fantasías, Freud plantea en “Construcciones en psicoanálisis”, que
aunque no se recupere algún recuerdo, es decir, aunque no pueda encontrarse un
referente en alguna vivencia susceptible de recordarse, la construcción puede
operar con la misma eficacia y tener el mismo efecto de verdad que si se tratara de algo realmente recordado[6].
Freud no es concluyente y deja esta vía abierta a la investigación. Deja de
buscar la referencia a algún hecho acaecido, para apoyarse en la estructura de
ficción que la construcción supone. El efecto de verdad queda articulado a la
verificación que suponen las nuevas asociaciones y las consecuencias de la
intervención del analista en el goce del síntoma. Freud plantea tres factores
en juego en el tratamiento psicoanalítico: la influencia de los traumas,
la intensidad constitucional de las pulsiones y las alteraciones del yo.
Respecto de la intensidad de las pulsiones, plantea que si el conflicto
pulsional no es actual o no se exterioriza, es imposible influir sobre él
mediante el análisis. Afirma que esta tarea, además de imposible tampoco es
deseable.[7]
Para pensar la "intensidad constitucional de las pulsiones"
podemos establecer un puente con los desarrollos lacanianos. Por un lado, lo constitucional que el Otro trasmite,
incluye su barradura, que determina un resto irrecuperable para la memoria, que hace
necesaria la construcción. La intensidad pulsional no es ajena a la
trasmisión de una falta en el campo del Otro. En la fórmula de la pulsión está
escrita del lado del sujeto por su barradura y del lado del Otro por la
Demanda, que supone allí la presencia del deseo. Es necesaria la inscripción de
esa barradura para la constitución de un sujeto y el posterior armado del
fantasma ($<>a) como respuesta ante el deseo del Otro.
Freud continúa en su artículo: “El analizado mismo no
puede colocar todos sus conflictos dentro de la transferencia, y tampoco el
analista puede, desde la situación transferencial, despertar todos los
conflictos pulsionales posibles del paciente….uno le cuenta al paciente sobre
las posibilidades de otros conflictos pulsionales y despierta expectativas en
él. Uno espera que tal comunicación tendrá por resultado activar en el paciente
uno de estos conflictos... Pero el resultado que se esperaba no comparece……Uno ha aumentado el saber
del paciente sin alterar nada más en él.”[8]. En la
traducción de López Ballesteros dice conocimiento en
lugar de saber.
Lacan nos dirá: “Entonces,
¿qué quiere
decir conocer? Conocer su síntoma quiere decir saber hacer con, saber desembrollarlo, manipularlo. Lo
que el hombre sabe hacer con su imagen, corresponde por algún lado a esto, y
permite imaginar la manera en la cual se desenvuelve con el síntoma...Saber
hacer allí con su síntoma, ése es el fin del análisis”[9]
Podemos pensar que aquí diferencia dar sentido de lo que dirá en
relación a las construcciones. En ellas podemos
considerar que apuntan a lo reprimido originario, que plantea como
necesario construir para poder devolver al analizante una palabra por él desconocida,
de lo que se trata es que esa enunciación no siempre ha sido ni es necesario
que haya sido realmente pronunciada. Prestando en la transferencia un espacio
donde las marcas del goce del sujeto
formen ideas sobre su lugar como objeto del Otro, ideas que llegan de ese
objeto y forman frases. Retórica
significante, y gramática pulsional, modalidades de construcción diferentes
(planteadas en el artículo anteriormente mencionado.[10])
Las construcciones psicoanalíticas pueden
ser tomadas como una ficción verdadera.
El criterio de este bien decir, frente a
lo real, es en definitiva advertir lo que eso satisface.
Un psicoanálisis es una experiencia que
parte de una ficción soportada en el Sujeto supuesto Saber. Pero al mismo
tiempo, es una experiencia que consiste en deshacer esta ficción. El psicoanálisis no es el triunfo de lo
ficcional: la ficción es allí más bien puesta a prueba en relación con su
impotencia para resolver la imposibilidad de lo real.
Lacan en el seminario El revés del psicoanálisis plantea el
esquema de los cuatro discursos como una estructura necesaria de algo que va
más allá de la palabra. Se trata de un cierto número de relaciones estables en
cuyo interior puede inscribirse algo más amplio de lo que hay en las
enunciaciones efectivas. La verdad es un lugar, al que irán diferentes
“operadores”, según el discurso del que se trate. En los discursos no se
garantiza la verdad, sino un lugar para ella.
Ya en el seminario Sobre
los escritos técnicos de Freud, Lacan hace referencia al texto “Análisis
terminable e interminable” como uno de los más importantes en lo que a técnica
se refiere. Plantea como fundamento del
análisis la reintegración por parte del sujeto de su historia hasta sus últimos
límites sensibles, pero considerando la historia como el pasado historizado en
el presente. Y lo articula con el
escrito Construcciones: “Que el
sujeto reviva, rememore los acontecimientos formadores de su existencia no es
en sí tan importante. Lo que cuenta es
lo que reconstruye de ellos”[11]
Educar, gobernar y analizar son planteadas por Freud como tareas imposibles. La idea de estas tareas como imposibles también
podrían favorecer la argumentación de
infinitud o interminabilidad de las mismas: siempre se puede seguir analizando,
educando y gobernando. Pero precisamente, la inscripción de la imposibilidad
pone un límite que quizás termina ubicándolas como finitas.
Freud diferencia la
construcción de los otros modos de intervención luego de haber pensado el
análisis terminable, ¿no otorga a esta modalidad un estatuto, que si bien es
“preliminar” se liga al final como un límite?
Freud afirma que “Todo analista debería
periódicamente -a intervalos de unos cinco años- someterse a un nuevo análisis sin sentirse avergonzado de dar este
paso. Esto significaría entonces que no sólo el análisis terapéutico de los pacientes, sino su propio psicoanálisis, se
transformarían desde una tarea terminable en una tarea interminable.”[12] Previene contra un malentendido: no quiere
decir que el análisis sea algo que nunca termina. El fin de un análisis es una
cuestión práctica. Nuestra aspiración no
será borrar toda peculiaridad del carácter individual en favor de una
«normalidad» esquemática ni exigir que la persona que ha sido «psicoanalizada por
completo» no sienta pasiones ni presente conflictos internos.
Freud introduce el problema de la
castración a partir de la diferencia de los sexos.
En
términos freudianos lo que debe revelarse al final del análisis es la
significación de la castración. Lacan aborda
la subjetivación de la castración. Y más tarde, será la subjetivación de
la relación sexual en tanto que no existe.
Los dos temas, que se corresponden, son:
en la mujer, la envidia del pene y en el
varón, la lucha contra su actitud pasiva o femenina frente a otro varón. Lo que
era común a los dos temas fue aislado en una temprana época de la nomenclatura
del psicoanálisis como una actitud hacia el complejo de castración. “A menudo
uno tiene la impresión de haber
atravesado todo el estrato psicológico y
llegado, con el deseo del pene y la protesta masculina a la roca de base, y de
este modo, al término de su actividad. Y así tiene que ser, pues para lo psíquico, lo biológico desempeña
realmente el papel del basamento rocoso subyacente…Sería difícil decir si en
una cura analítica hemos logrado dominar este factor…. Nos consolarnos con la
seguridad de haber ofrecido al analizado toda la incitación posible para
reexaminar y variar su actitud frente a él. “[13]
Lacan nos dirá que a lo que Freud se
refiere con la metáfora de la castración o la envidia del pene no es otra cosa
que a la falta. Y si Freud marcó el carácter infinito de ciertos análisis es
que no vio que la solución del problema de la castración no está alrededor del
dilema de tenerlo o no, porque esto no es sino cuando el sujeto se da cuenta de
que no lo es[14].
En la
experiencia analítica el sujeto
se enfrentará a cada momento a un desgarro inevitable: el encuentro con
su propia castración. Pero es a partir de allí que construye y constituye una
nueva y genuina forma de saber y un que-hacer distinto que alcanza al goce que
el síntoma conlleva.
Lacan introducirá el concepto de sinthome en relación al fin de análisis.
La concepción del fin de análisis lacaniano atravesó los recorridos teóricos de
la construcción y la travesía del fantasma -donde
se resignifica la relación con el goce- hasta un saber qué hacer con el
síntoma y la función de lo que denominó el sinthome.
El análisis apuesta a articular algo de
la carencia estructural.
Construcción del fantasma,
posición de goce del sujeto. ¿Es posible pensar un fin de análisis sin haber
transitado por esta vía? Condición necesaria. ¿Pero suficiente? ¿Qué seria
pensar en la línea del acto o del sinthome si éste no está abrochado a la
travesía del fantasma?
Podemos pensar que el fin de un
análisis es algo que se construye desde el
principio. Consideraremos fin, no sólo como conclusión, sino
también como finalidad, presente desde el inicio de un tratamiento y que
incluye en sí mismo la posición desde donde uno se ubica como analista.
A partir del despliegue de estos conceptos y diferentes lecturas de
posiciones diferentes me han surgido las siguientes preguntas que hacen foco en la dirección de la cura:
Lo real repite, lo que no cesa de no escribirse, se restó al
significante. Lo sintomático, lo que no cesa de escribirse se restó al
significado. ¿Todo lo que se repite como real es separador?, ¿eso real
descoloniza al sujeto del deseo del otro? ¿Eso traumático sería algo forcluido
pero no en la línea del Nombre del padre?
No se puede olvidar lo que no se pudo inscribir.
Si los tres registros se anudan, ¿podemos hablar de lo real por sí solo?
Considerando al fantasma como aquello que aliena al sujeto al Otro hay
quienes postulan con un recorrido
minucioso el lugar del síntoma como relacionado a la separación, ¿es posible
pensar que en el síntoma no haya una “pata” del fantasma?
[1]
Freud, S.; Construcciones en
psicoanálisis. en OC, Amorrortu Ed, Buenos Aires, 1980, T.XXIII.
[2]
Lacan, J: La relación de objeto,
Seminario IV, Ed. Paidós, Buenos Aires,
1994, Cáp. XV, Pág. 253.
[3]
Lacan, J:Televisión, El desvarío de
nuestro goce, Ed. Anagrama, Barcelona, 1977, Cáp. V. Pág. 116.
[4]
Rabant, Claude: Inventar lo real, Ed
Nueva Visión, Bs. As, 1993,Pág. 59
[5] Freud, Sigmund: “Análisis terminable e
interminable”.En OC. Ed. Amorrortu, Buenos Aires 1990. Tomo XXIII.
[6] “El camino que parte de la
construcción del analista debía culminar en el recuerdo del analizado, ahora
bien, no siempre lleva tan lejos. Con mucha frecuencia no conseguimos que el
paciente recuerde lo que ha sido reprimido…. En lugar de ello, si el análisis
ha sido ejecutado de manera correcta, uno alcanza en él una convicción cierta sobre la verdad de la construcción, que en lo
terapéutico rinde lo mismo que un recuerdo recuperado. Bajo qué condiciones
acontece esto, y cómo es posible que un
sustituto al parecer no integral produzca, no obstante, todo el efecto, he ahí
materia de una investigación posterior”
Freud, Sigmund: “Construcciones
en el análisis”. En
OC. Ed. Amorrortu, Buenos Aires 1990. Tomo XXIII.
[7] “No,
queremos significar otra cosa, que en términos aproximados se puede designar
como el “domeñamiento” de la pulsión. Esto quiere decir que la pulsión es admitida en s u
totalidad dentro de la armonía del yo, es asequible a toda clase de influjos por las otras aspiraciones que hay en el interior del yo y ya no sigue más su camino propio hacia la
satisfacción….” Freud Sigmund: “Análisis terminable e interminable”.Op
cit.
[8] Freud, Sigmund. “Análisis terminable e
interminable”.Op cit.
[10] Staw, Ana:
“Construcciones” en Revista “La Porteña” Nº 9. Ediciones iRojo, Buenos Aires 2007, Pág.
65
[11] Lacan, Jacques: “Los escritos Técnicos de
Freud”. Editorial Paidós. Buenos Aires 1981.Capítulo 1. Punto 3
[12] Freud, Sigmund. “Análisis terminable e
interminable”.Op cit.
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